A un mes
No siempre las encuestas han acertado. Deficiencias metodológicas, reducido número de encuestados, temor a revelar las verdaderas preferencias, no sé, pero, como señaló Federico Reyes Heroles, no es difícil encontrar ejemplos, en México y otros países, en los que hay una buena distancia entre lo que indicaban las encuestas y el resultado de una votación
Hoy estamos exactamente a un mes de las elecciones, un mes que se irá volando, como suele hacerlo el tiempo. Unas elecciones cruciales. El 2 de junio se juega en las urnas el alma del país. Se decide entre dos opciones excluyentes.
Claudia Sheinbaum, la candidata del Presidente, ofrece el segundo piso de la llamada Cuarta Transformación. Eso implica continuar por la senda de López Obrador para consolidar un régimen en el que el gobierno no tenga contrapesos, no tenga que ceñir sus actos a la ley; con una Suprema Corte atrapada, ya sin calidad de tribunal constitucional y jueces amenazados; en el que se siga demoliendo todo lo valioso del pasado, en el que se prosiga la destrucción de nuestro sistema de salud y de la educación básica; en el que se continúe permitiendo que las organizaciones criminales sigan controlando una parte del país, extorsionando, secuestrando, asesinando, apoderándose de las carreteras y los negocios; en el que todos los no adeptos a la presidenta sean considerados como el antipueblo, y en el que se difame, se calumnie y se injurie a quienes osen disentir del oficialismo.
Xóchitl Gálvez promete un gobierno para todos, un gobierno que deje de hostilizar a un segmento de los ciudadanos y, por el contrario, promueva la concordia entre todos los habitantes; un gobierno respetuoso de las instituciones democráticas, de la Suprema Corte, de los jueces, de los organismos autónomos, de la prensa crítica, de los partidos de oposición; integrado por los expertos en cada materia; que combata en serio, no sólo discursivamente, la impunidad; dispuesto a revertir el desastre en salud, educación, medio ambiente y seguridad pública.
La cancha ha sido totalmente dispareja. Las intervenciones del Presidente, toleradas por el INE, los engaños de los siervos de la nación que amenazan con que se acabarán los programas sociales si no se vota por la abanderada del oficialismo, los recursos inacabables de que dispone ésta, las intimidaciones del crimen organizado… todo lo cual configura una contienda en la que no hay igualdad de condiciones entre las candidatas. Una gran cantidad de encuestas le dan a Claudia Sheinbaum una ventaja gigantesca, que parece irremontable. Pero en la calle, en las viviendas, en los cafés, en los restaurantes, en las fondas, en las oficinas, en las universidades, en las fábricas, en el autobús, en el Metro, en el taxi se escucha a numerosos ciudadanos decir que no votarán por ella.
No siempre las encuestas han acertado. Deficiencias metodológicas, reducido número de encuestados, temor a revelar las verdaderas preferencias, no sé, pero, como señaló Federico Reyes Heroles el pasado martes en este mismo diario, no es difícil encontrar ejemplos, en México y otros países, en los que hay una buena distancia entre lo que indicaban las encuestas y el resultado de una votación. ¿Usted, lectora, lector, ya tiene decidido por quién va a votar en la elección presidencial y en las demás elecciones? Ningún ciudadano debe abstenerse de acudir a las urnas, porque eso significa dejar el resultado en manos de otros. Reflexione bien su voto.
¿Usted quisiera que los jueces, los magistrados, los ministros y los consejeros del INE surgieran de concursos de popularidad en lugar de ser designados por su capacidad, honestidad e independencia de criterio? ¿Le parecería bien que la presidenta de la República, una vez concluido el periodo del ministro Luis María Aguilar, designe a otro incondicional en la Suprema Corte para que el alto tribunal ya no cuente con el mínimo de ocho votos necesarios para declarar una ley inconstitucional? ¿Considera plausible que los juzgadores sean intimidados?
¿Le parece aceptable que se sigan aprobando las iniciativas presidenciales sin cambiarles una sola coma y sin ni siquiera ser leídas? ¿Desea que desaparezcan los organismos autónomos? ¿Le parece bien que a los delincuentes, en lugar de que se les sancione, se les abrace y se les amnistíe? ¿Quiere una presidenta que, como el actual, mienta todos los días? ¿Desea que se siga arruinando la educación básica y el sistema de salud, que queden impunes aun las corruptelas más evidentes? ¿No le incomodaría una presidenta identificada con los dictadores del mundo?
Por favor, lectora, lector, reflexione bien su voto.
