Sicario 2: día del soldado
Después de la muy bien lograda Sicario que dirigiera Denis Villeneuve en 2015, el director Stefano Sollima toma ahora la batuta para una secuela que casi supera la anterior, bien contada, con ritmo y buenos momentos de acción, que se desarrolla con otro guión de Taylor ...
Después de la muy bien lograda Sicario que dirigiera Denis Villeneuve en 2015, el director Stefano Sollima toma ahora la batuta para una secuela que casi supera la anterior, bien contada, con ritmo y buenos momentos de acción, que se desarrolla con otro guión de Taylor Sheridan, quien, aunque retoma aspectos de su trabajo anterior, permite que Sicario 2: día del soldado (Estados Unidos, 2018), sea vista sin que necesitemos el antecedente de su predecesora.
Sheridan nos pone ante un guión redondo, y el también actor, va cobrando experiencia y mostrando su gran talento de escritor como lo demostró en Sicario y Wind River. Sus relatos son contundentes, de enredados rompecabezas, no cede al maniqueísmo al omitir juicios para buenos y malos, hace una muy precisa descripción de los personajes con arcos que tienen sentido, sus giros de tuerca siempre nos toman desprevenidos y, cuando parece que las cosas no pueden ponerse peor, pues sí, se ponen mucho peor.
El inicio de la película es desde ya un golpe al espectador. Una persecución nocturna de migrantes que tratan de cruzar la frontera de México con los Estados Unidos; uno de ellos se aleja, reza algo en árabe y se hace explotar. De ahí pasamos a un supermercado por el que caminan adultos y niños, súbitamente dos hombres detonan los explosivos que traen en el cuerpo. La noticia de las numerosas víctimas llena los medios al día siguiente.
El gobierno norteamericano sostiene que los cárteles están negociando con terroristas para que ingresen a ese país por la frontera. Se inicia un plan para provocar una guerra entre cárteles y que se destruyan mutuamente sin que se vea la mano del gobierno. Ahí reaparecen los personajes de Josh Brolin y Benicio del Toro, en muy buenas interpretaciones de ambos, con la misma ambigüedad en su proceder y moralidad. Stefano Sollima cuenta una historia oscura que se separa de la anterior, con un sello personal, aprovechando el gran guión de Taylor Sheridan. Tanto Brolin como Del Toro sacan adelante personajes que parecen “mercancía dañada”, colmilludos, endurecidos, expertos en su trabajo, todavía con visos de algo parecido a un código de honor.
Destaca Bruno Bichir en un rol secundario que no necesita hablar para conectarse con el público.
La historia se detiene también en dos personajes importantes, representantes de una juventud que hereda la “papa caliente”: la hija adolescente de un importante capo mexicano que es secuestrada aparentando que fue obra del cártel enemigo, y un joven de origen mexicano de nacionalidad norteamericana que por unos dólares se acerca a trabajar con un cártel, labrándose un futuro como sanguinario sicario. Una adolescencia desconcertada que va aprendiendo a enfrentar con furia un destino que parece condenarlos.
El choque cultural entre ambos países está bien expuesto. La corrupción de las autoridades a ambos lados de la frontera, las mentiras, las trampas, la violencia.
Muy, muy recomendable.
