La última y nos vamos

Aunque es el título de una película, hoy no voy a hablar de cine. La semana pasada, los directivos de Excélsior me anunciaron que, por reajustes en el formato del diario, se ven obligados a prescindir de las plumas de varios colaboradores, entre ellas, la de esta ...

Aunque es el título de una película, hoy no voy a hablar de cine.

La semana pasada, los directivos de Excélsior me anunciaron que, por reajustes en el formato del diario, se ven obligados a prescindir de las plumas de varios colaboradores, entre ellas, la de esta servidora.

Tras 12 años, tengo que admitir que me duele dejar la que fue mi casa de trabajo durante casi 18 años, Grupo Imagen, considerando que colaboré en Imagen 90.5 Radio, en el programa ¡Qué tal, Fernanda!, durante casi 17, y estos 12 años escribiendo para el Periódico de la Vida Nacional, que concluyen precisamente hoy, el Día Nacional del Cine Mexicano, al que tantas y tantas columnas y entrevistas le dediqué aquí, lo que seguramente seguiré haciendo en otros medios.

A lo largo de este tiempo he tratado de ser una guía para los espectadores. No me gusta la noción del crítico docto instalado en la postura de superioridad que corre el riesgo de subestimar la inteligencia y hasta la sensibilidad del espectador. Considero que todos traemos un crítico de cine por dentro y nuestra percepción de la realidad es individual, por lo tanto, la subjetividad con que se juzga cualquier obra, un libro, una película, una escultura, una pieza musical, es totalmente respetable. Hay que dejar que el cuerpo, el alma y la mente hablen: ¿me hace vibrar, me emociona, me conmueve?, ¿me deja indiferente? Cada quien lo asimila de acuerdo con su formación, sensibilidad a su biografía.

Mi papel, y creo que así lo he desempeñado, es compartir con el lector el gozo de ver una buena película que a lo mejor no había descubierto, de encontrarle secretos escondidos, de valorar una historia bien contada, de saber discriminar cuando los personajes están bien construidos, si los actores están en el papel y logran la conexión con el espectador o si, por el contrario, no nos identificamos con ellos, si hay ritmo o si el relato se desarticula, cuál es el efecto de una buena pista musical o ausencia de ella, qué nos dice la fotografía, la iluminación, la edición, etcétera. No estoy instalada en ningún pedestal del saber, ni me interesa. Recomiendo qué ver y qué no y expongo mis motivos.

Quiero agradecer en estas líneas a Olegario Vázquez Aldir, vicepresidente de Excélsior; Ernesto Rivera Aguilar, director general; Pascal Beltrán del Río, director editorial; a Ignacio Anaya, a Roberto Salmerón, a Carlos de Cárcer, donde quiera que esté; a mis compañeros en las secciones Función y Opinión: Lorena Rivera, Juan Carlos Cuéllar, Rodolfo Monroy, Nancy Rodríguez y otros cuyos nombres nunca conocí.

Pero, sobre todo, les agradezco a USTEDES que hayan tenido la gentileza de leerme. Me despido hoy, pero sólo temporalmente.

Muchas gracias.

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