La casa de papel
Estrenada originalmente en la televisora española Antena 3, la serie La casa de papel lleva dos temporadas en Netflix y se ha convertido en la más vista de las no habladas en inglés en los primeros meses de este 2018. Ha sido tal su éxito a nivel mundial que se anunció ...
Estrenada originalmente en la televisora española Antena 3, la serie La casa de papel lleva dos temporadas en Netflix y se ha convertido en la más vista de las no habladas en inglés en los primeros meses de este 2018. Ha sido tal su éxito a nivel mundial que se anunció la tercera temporada para estrenarse en 2019. Aunque toma elementos de otras series como 24 y alguno que otro cliché propio del género, es el ritmo el que nos mantiene pegados y medio hipnotizados.
Terminar con una serie que me ha mantenido enganchada me deja con una sensación de vacío semejante a la que experimento cuando termino un libro. Es curiosa la relación que establecemos con esas historias que manejan una continuidad y suspenso que no nos permiten ni ir a dormir.
Es exactamente lo que logran los creadores y actores de La casa de papel, producción española creada por Álex Pina, quien contó con un buen equipo de escritores para narrar una historia muy completa, que les funciona como cronómetro y que engancha el interés de los espectadores por su ritmo, destacadas actuaciones (algunas), giros de tuerca inesperados y con los que un atraco ambicioso, que podría resolverse en una película o miniserie, alcanza —con ciertas dificultades— a estirarse a dos temporadas.
Todo se inicia cuando el Profesor, cerebro del plan, recluta un grupo de delincuentes con diferentes especialidades para perpetrar un golpe maestro en el que ha trabajado por años y que prepara con el equipo durante cinco meses. Enfundados en overoles rojos, armados hasta los dientes y con grotescas máscaras con el rostro de Salvador Dalí, irrumpen en la Fábrica de Moneda y Timbre. Robar algo ahí se antoja una pretensión ridícula, pero el plan del Profesor es milimétrico, siempre va varios pasos adelante de la policía y tiene contempladas todas las fallas y errores inesperados. Todos, menos uno, como él mismo admite en un momento.
Álex Pina y su equipo cuentan la historia desde el punto de vista de los atracadores, de manera que el espectador simpatiza con ellos, comprende sus motivaciones y se pone de su lado.
La descripción de los personajes es muy precisa y la información sobre cada uno y sus respectivos pasados se va dosificando de manera muy balanceada. El “pero” que le encuentro es que hay secuencias que se pasan al melodrama, largas y no necesarias, que obviamente tienen la función de alargar el relato en capítulos de 47 minutos. El rompecabezas de la narración, que no es lineal, se arma con continuos flashbacks que no merman en absoluto la continuidad de los diferentes tiempos que recrean.
Es el muy bien logrado ritmo lo que mantiene La casa de papel.
Muy recomendable.
