A la deriva

El tema del naufragio en alta mar, de cualquier dimensión, desde un velero hasta un trasatlántico, da para muchas historias. En la cartelera comercial se exhibe A la deriva Adrift, Estados UnidosHong KongIslandia, 2018. Está dirigida por el islandés Baltasar Kormákur ...

El tema del naufragio en alta mar, de cualquier dimensión, desde un velero hasta un trasatlántico, da para muchas historias.

En la cartelera comercial se exhibe A la deriva (Adrift, Estados Unidos-Hong Kong-Islandia, 2018). Está dirigida por el islandés Baltasar Kormákur que, aunque con una larga filmografía un poco dispareja, tiene algunas buenas propuestas comerciales entre las que la más conocida podría ser Everest de 2015 que cuenta las vicisitudes de un ascenso al pico más alto del mundo en el año 1996. Muy recomendable.

En A la deriva, Kormákur toma la historia real escrita por la propia protagonista de los hechos, Tami Ashcraft, en el libro Sky in mourning: The true story of love, Loss, and survival at sea. La actriz Shailene Woodley interpreta a Tami en la pantalla y además funge como productora. En el reparto, la acompaña el actor inglés Sam Claflin.

La historia se inicia dentro de un velero destrozado medio hundido que flota a la deriva a la mitad de la nada. Una joven, Tami, despierta de pronto con un golpe en la cabeza y algunas heridas. Poco a poco se hace consciente de que naufragaron y empieza a buscar con desesperación a su novio, Richard, quien parece no estar dentro del velero. El agua le llega a la cintura y no puede salir, pero a pesar de los golpes Tami está en buenas condiciones. Hasta ahí no sabemos qué causó todo eso y la película inicia una serie de flashbacks que nos llevan a viajar al pasado.

Tami, interpretada por Shailene Woodley, quien hace un gran esfuerzo para ponerse en la piel de un personaje en situación límite con secuencias muy demandantes, es una norteamericana trotamundos de escasos 25 años que nació en San Diego, pero lleva cinco años viajando. Se encuentra en Tahití y conoce a un joven inglés, Richard, Sam Claflin, y ambos se enamoran perdidamente. Una pareja les ofrece dinero para que crucen el Pacífico con su velero y lo dejen en San Diego.

El relato va intercalando el pasado y el presente y entonces el guión se convierte en un híbrido extraño en el que no se puede interpretar si se trata de una historia de amor en el contexto de un naufragio o viceversa.

Como espectadora me quedo mucho más con las secuencias del naufragio, ya que las del romance llegan a ser reiterativas y obvias. Entiendo que hay un público que puede identificarse con estas secuencias sentimentales y un poco superficiales de Tami y Richard (guapos, ambos actores), nadando en las cascadas de la isla, viajando en el velero de él, cenando a la orilla del mar muy enamorados. Perfecto, ya sabemos que se aman con locura, queda claro, pero cada vez que el relato se separa de la accion del naufragio y el suspenso que genera cómo van a sobrevivir, nos desconectamos un poco de la película y los personajes. 

Aun así se deja ver, pero pudo haber sido mucho más emocionante.

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