De Hitchcock a Fincher

Es innegable la influencia del maestro Alfred Hitchcock en numerosos cineastas de los setenta y ochenta, pero también contemporáneos. Probablemente fue Brian de Palma el que de manera más abierta buscó impregnar su filmografía con las características hitchcockianas. ...

Es innegable la influencia del maestro Alfred Hitchcock en numerosos cineastas de los setenta y ochenta, pero también contemporáneos.

Probablemente fue Brian de Palma el que de manera más abierta buscó impregnar su filmografía con las características hitchcockianas. De hecho algunas de sus cintas son un verdadero homenaje al maestro del suspenso como Doble de cuerpo de 1984, en la que el protagonista es un actor porno que sufre de claustrofobia, y que mientras cuida un lujoso departamento descubre un telescopio que le permite ver los movimientos de una bellísima mujer que parece saber que está siendo observada, muy en el estilo de La ventana indiscreta.

Son pocos los grandes realizadores que no se han visto seducidos por hacer un guiño en sus películas al maestro Hitchcock. Spielberg lo hace en el suspenso de las escenas iniciales de Tiburón, M. Night Shyamalan en El sexto sentido o Señales, David Lynch en Mulholland Drive. Pero sin duda el cineasta que más fielmente está siguiendo los pasos de Alfred Hitchcock es David Fincher, cuyo nombre suena fuerte recientemente por el éxito de taquilla y crítica de su más reciente cinta Perdida, que por cierto si usted no la ha visto se la recomiendo ampliamente.

Son varias las características que ambos realizadores comparten, obviamente considerando en especial, los altos niveles que alcanzó Hitchcock y que lo convierten en la figura a seguir e imitar por numerosos cineastas contemporáneos. Ambos son muy eficientes contadores de historias; manipulan a la audiencia y a sus personajes; suele pasar que el espectador está al tanto del peligro que se cierne sobre el protagonista y esto genera aun más incomodidad e impotencia. Las emociones y sensaciones van como en una montaña rusa. Del sobresalto a la tensión y el suspenso, de las trampas y los giros de tuerca a momentos que permiten una bien calibrada válvula de escape, las películas de Fincher van mostrándolo como un realizador en plena madurez, agudeza e inteligencia.

Aun cuando la filmografía de Fincher tiene baches —como todas—, el peor es sin duda una de las cintas de sus inicios: Alien 3, de 1992, que parece que ni a él mismo le hace sentirse orgulloso. Aparte de esa, el resto conforman una lista muy atractiva que arranca con la espléndida Seven de 1997 y que se sigue hasta Perdida en este 2014. Fincher es además un gran director de actores y en ocasiones somete a sus intérpretes a situaciones límite, muy en el estilo del director de Psicosis. Con Brad Pitt ha trabajado tres veces, y no que sea un actor particularmente bueno, pero las tres cintas lo dejan muy bien parado: Seven, El club de la pelea y El curioso caso de Benjamin Button. En 1997 dirigió a Michael Douglas y Sean Penn en una cinta que bien pudo ser un guión que atrajera a Hitchcock: The Game-El juego, un perfecto engaño de principio a fin que envuelve al protagonista y al espectador.

En 2002 dirige a Jodie Foster, Jared Leto, Forest Whitaker y Kristen Stewart en La habitación del pánico, filme que es un monumento a la claustrofobia, y recordemos que las fobias eran una constante del cine de Hitchcock.

David Fincher echa mano también de un elemento muy hitchcockiano en Zodiac: la crudeza y la falta absoluta de complacencia. La red social nos lleva a conocer a fondo —desde el punto de vista de Fincher—, al creador de la ventana indiscreta más grande de la historia: Facebook. Resentimientos, venganzas, mentiras, son el móvil de un joven de escasos 25 años, que cambia el curso del devenir del genero humano sobre el planeta.

Perdida, junto con el gran guión de la autora de la novela homónima Gillian Flynn, es hoy en día la obra maestra de Fincher. ¿Se la imaginan dirigida por Hitchcock? Quizá no habría grandes diferencias.

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