Lucy

Dirigida y escrita por Luc Besson, Lucy es una producción francesa que forma parte de la muy mediocre cartelera comercial de las últimas semanas. Aunque prolífico, Besson tiene una filmografía particularmente dispareja. Se desempeña como actor, productor, director y ...

Dirigida y escrita por Luc Besson, Lucy es una producción francesa que forma parte de la muy mediocre cartelera comercial de las últimas semanas.

Aunque prolífico, Besson tiene una filmografía particularmente dispareja. Se desempeña como actor, productor, director y escritor, y puede tener buenos momentos como en Azul profundo, Nikita, El profesional, El quinto elemento, e incluso su muy personal versión de la doncella de Orleans en Juana de Arco. Pero también tiene sus tropiezos como en la saga sobre Arthur y los minimoys, —en la que se separa del género de acción efectista con mucha violencia que maneja tan bien—, Las momias del faraón, y la que hoy nos ocupa Lucy.

No le niego a Luc Besson que no le tiene miedo a incursionar en cualquier género, hasta en el cine animado para niños, pero lo suyo es contar historias con altas dosis de violencia, que presenta con una estética muy personal, en argumentos sobre buenos y malos, policías y ladrones, criminales, gángsters, a veces insertados en el género de la ciencia ficción, etcétera.

Lucy se salva por el trabajo de su protagonista, Scarlett Johansson, joven actriz con una poderosa presencia en la pantalla, que se mueve igual de bien en la comedia, el drama, la acción. El guión de Besson plantea un futuro en el que una joven, Lucy, se ve involucrada contra su voluntad en el transporte de una peligrosa droga instalada en su estómago, —recordando a las mulas de María llena eres de gracia—, entre grupos de sanguinarios mafiosos orientales. Descansando en la premisa “los humanos usamos diez por ciento de las capacidades del cerebro, ¿qué pasaría si usáramos el 100?”, —ya muy gastada en el cine y la televisión— Besson se pone hasta filosófico, pero no alcanza a dar una respuesta convincente a las preguntas que presenta (es ridículo el planteamiento de la USB).

Las cosas se complican aún más para Lucy cuando la droga entra a su cauce sanguíneo hasta llegar al cerebro.

Besson es un realizador experimentado en la ciencia ficción, y, de hecho, Lucy en los primeros 30 minutos resulta muy atractiva y atrapa. Hace que la historia se vaya para arriba, pero su justificación del personaje de Morgan Freeman (enorme  cliché) como el científico que ha estudiado esa posibilidad remota del uso pleno de las capacidades mentales, nos va desconectando de la trama. El guión es el principal enemigo de la película, por sus inconsistencias y lugares comunes. La reflexión en torno al sentido de la vida, del paso de la humanidad por la Tierra, del uso de la mente, las energías, nuestra percepción del mundo, nunca se concreta.

No pude evitar recordar otra cinta en esta misma línea del desarrollo de las facultades mentales y físicas por medio de una droga, y que me parece mucho más lograda: Sin límites, de Neil Burger, en la que Bradley Cooper aparece como un hombre fracasado al que una misteriosa píldora lo lleva a  altísimos niveles de desarrollo intelectual y, en consecuencia, físico. El planteamiento de la pregunta ¿qué hacemos con esa capacidad desarrollada en plenitud? es mucho más atractivo en Sin límites, ya que conlleva cuestionamientos éticos, morales y hasta religiosos; en una comparación entre ambas cintas, la reflexión es más profunda y está mejor resuelta.

Pero insisto, Scarlett Johansson se hace cargo de su personaje y de la trama de manera muy convincente. Probablemente por indicaciones de su director las emociones en Lucy se van diluyendo, como si esto fuera un síntoma o consecuencia del camino a la absoluta evolución intelectual, y ese detalle le resta también interés a la historia, pues como espectadores vamos, poco a poco y con la caída de la trama, sintiéndonos desconectados del personaje, casi convertido en una autómata.

El estilo de Besson está muy presente y hace interesantes algunas secuencias, pero el resultado, con todo y la atractiva premisa, deja mucho qué desear.

Entretiene, muy a secas.

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