Gas natural: la oportunidad está en el subsuelo; la decisión, en el modelo

Columnista Invitado Nacional

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Daniela Alcántara* 

La estrategia de gas natural presentada recientemente por la Sener pone sobre la mesa un diagnóstico claro y una dirección correcta: México importa 75% del gas que consume, casi todo de Estados Unidos, y esa dependencia compromete su soberanía energética.  

México cuenta con un potencial relevante de recursos prospectivos de gas natural, cuyo desarrollo implica retos técnicos y de inversión importantes; precisamente por eso, el modelo contractual y el esquema de adjudicación son determinantes para viabilizarlos. La tecnología para desarrollarlos existe en el mercado global y la inversión también. La pregunta relevante es cómo hacer que todo eso converja en producción real, y eso depende, en buena medida, de una decisión que debe tomarse desde el inicio: el modelo contractual.

Al evaluar un proyecto de exploración y extracción de hidrocarburos, cualquier inversionista se hace una pregunta básica: ¿el marco contractual permite asumir el riesgo del proyecto y obtener un retorno competitivo frente a otras oportunidades internacionales? Si la respuesta no es clara, las inversiones tienden a dirigirse a otros países, donde los incentivos y la certidumbre jurídica están claramente definidos

Esto es especialmente relevante en el caso del gas no convencional. El desarrollo de estos yacimientos, particularmente en cuencas como Burgos, Sabinas o Tampico-Misantla, requiere operadores con experiencia técnica específica, capital dispuesto a comprometerse en etapa exploratoria y condiciones contractuales que alineen adecuadamente el riesgo con el retorno esperado. 

Aquí es importante distinguir instrumentos. Los Contratos Mixtos, recientemente incorporados en la Ley del Sector Hidrocarburos, tienen una lógica clara: complementar capacidades de Pemex en activos maduros y acelerar la producción, orientados a resultados inmediatos. 

El desarrollo de gas no convencional responde a otra lógica. Requiere operadores internacionales con capacidad de inversión, capaces de absorber el riesgo exploratorio y la intensidad de capital que el shale exige; perfiles que sólo se logran atraer mediante modelos utilizados a nivel internacional, como los de licencia o producción compartida que alineen correctamente el riesgo con el retorno y a través de procesos competitivos y transparentes que generen la confianza que el inversionista internacional requiere. Sin reglas claras desde el inicio, el capital no llega.

Cuando estos esquemas están bien estructurados, el resultado es claro: inversión de largo plazo, transferencia de tecnología y fortalecimiento institucional. Argentina lo entendió hace una década con Vaca Muerta: inversión privada complementada por la estatal y reglas estables. El resultado es que, hoy, más de 65% de su gas natural proviene de yacimientos no convencionales y opera con costos entre los más competitivos del mundo.

México compite por capital en un mercado global. Países con recursos similares han logrado atraer inversión combinando tres elementos: procesos competitivos, condiciones fiscales adecuadas al tipo de recurso y certeza regulatoria desde el inicio. No es elegir entre Estado o privados. Es diseñar mecanismos que permitan que ambos participen en condiciones que hagan viable el proyecto. La ley del Sector Hidrocarburos contempla los instrumentos para lograrlo. La experiencia internacional también existe. No hay que reinventar el marco legal, hay que aplicarlo bien.

Ahora bien, el desarrollo del gas no termina en el subsuelo. Un elemento igual de relevante es la visión integral de la cadena de valor. Producir más gas requiere también inversión en transporte, almacenamiento e infraestructura asociada. Sin esa planeación, el desarrollo se limita.

Ahora bien, el desarrollo del gas no termina en el subsuelo. Un elemento igual de relevante es la visión integral de la cadena de valor. Producir más gas requiere también inversión en transporte, almacenamiento e infraestructura asociada. Hoy, México almacena apenas 2.4 días de gas, frente a los 80 días de países como Francia o Alemania. Sin esa planeación, la soberanía energética que se busca construir desde el subsuelo puede quedar comprometida en superficie.

El desarrollo del gas natural tiene el potencial de convertirse en una de las oportunidades más relevantes para detonar inversión, fortalecer la seguridad energética y generar desarrollo económico en distintas regiones del país. Hacerlo realidad depende, en buena medida, de elegir el instrumento correcto y ejecutarlo bien.

*Experta en derecho energético, regulación de hidrocarburos y transición energética de Santamarina y Steta