El premio: la mirada infantil

En una playa desolada, airosa, fría, Ceci, una niña de siete años, se desplaza en patines de ruedas sobre la arena. La cámara la sigue lentamente mientras escuchamos el fondo musical que surge de un piano que suena desafinado, como la escena que vemos. Así se inicia ...

En una playa desolada, airosa, fría, Ceci, una niña de siete años, se desplaza en patines de ruedas sobre la arena. La cámara la sigue lentamente mientras escuchamos el fondo musical que surge de un piano que suena desafinado, como la escena que vemos. 

Así se inicia El premio (México-Francia-Polonia-Alemania, 2011) dirigida y escrita por Paula Markovitch que hoy se estrena después de un largo y muy exitoso recorrido por festivales de nuestro país y de todo el mundo.

La infancia insertada en situaciones de guerra, persecución, discriminación, violencia, abuso y maltrato, es un tema muy socorrido en el cine y la literatura. Los niños cuentan con herramientas para sobrevivir la realidad cuando es adversa y cruel, se sorprenden, se revelan incluso. Como pueden, van tanteando el terreno y salen adelante, no dejan de jugar y sonreír.

Es al dejar de ser niños y convertirnos en adultos que perdemos esa frescura y que vamos “bajando la guardia” y nos adaptamos a las reglas del juego; negociamos con la realidad sin tratar de transformarla, perdemos la pureza de la mente infantil y lo que es peor, pasamos a formar parte de la estructura que de niños nos alteraba tanto.

El premio hace una exploración puntual, profunda y sensible del mundo de Cecilia una niña de siete años a la que da vida la esplendida actriz infantil Paula Galinelli Hertzog, quien vive en San Clemente, la misma región cercana al mar en donde se filmó la película. Ceci y su mamá, Laura Agorreca, están escondidas en una casucha derruida que se levanta solitaria en la inhóspita playa de San Clemente. Estamos a fines de los 70 y la dictadura militar persigue de manera implacable a todo aquel del que se sospeche siquiera. Los padres de la niña son activistas y han tenido que separarse, teniendo que buscar refugio las dos solas en la helada playa cercana a Buenos Aires.

Ceci es un espíritu puro y posee una gran inteligencia aunque no entiende bien de qué se esconden, por qué no está su papá con ellas, cual es la razón de tener que mentir en la escuela: “mi papá vende cortinas y mi mamá es ama de casa”; no se explica el permanente miedo de su mamá, que la ha aleccionado para que no vaya a cometer una indiscreción que haga que sean descubiertas.

Pero ante toda esta adversidad, la vida sigue transcurriendo felizmente para Ceci. Juega en la playa, va a la escuela, rueda por la arena con su amiga y su perro, cumple con sus deberes, se aburre encerrada en esa casa helada en la que ni un juguete o una muñeca le hacen compañía, solamente el constante vaivén de las olas y el sonido del viento que hace temblar los trozos de plástico con que han tratado de suplir los cristales rotos. El mar, la casa, el viento, son otros personajes de este afortunado guión de Paula Markovitch que tiene una primera parte impecable. Es en la segunda que no fortalece lo suficiente el punto climático derivado de la contraposición entre la verdad y la mentira en la mente de una niña de siete años cuando, presa de un capricho del destino, Cecilia participa de un concurso organizado por el Ejército para que los niños escriban una composición a la bandera. El hecho cambiará su vida por completo.

Probablemente porque el argumento está basado en su propia biografía la realizadora —de origen argentino, pero afincada en México— se “desdobla” para ponerse en los zapatos de Ceci, que a su vez son los suyos. Sueños, planes, ilusiones, fantasías que pueblan la mente infantil y que parece que a Ceci se le niegan aunque ella se resista a aceptarlo.

La narración fluye con lentitud, como la propia vida en esa playa en la que parece que el tiempo se ha detenido. Con una bellísima fotografía que hace énfasis en la inmensidad y poderío del mar como metáfora de los hechos, somos testigos del paso de Ceci hacia el fin de su infancia, ya que al ser tan inteligente se va dando cuenta de que nada volverá a ser como antes de que se instalaran en esa casucha.

Muy recomendable, no se la pierda.

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