Más decesos por el cambio climático y nadie se hace cargo

Lorena Rivera

Lorena Rivera

Editorial

El planeta hierve y Europa se quema. Las advertencias que por décadas han hecho los científicos sobre el cambio climático son una realidad, pero amplificada, porque los fenómenos meteorológicos se han vuelto cada vez más extremos y peligrosos. Entre el 22 y 28 de junio pasado, Europa vivió la ola de calor más extrema y mortífera de la que se tenga registro; en esos días sumaron alrededor de tres mil muertos. Pero ahí no paró. Los sistemas de salud y los servicios funerarios se vieron rebasados. El calor fue sofocante de día y también de noche.

Casi un mes después, las autoridades europeas calculan que el número de fallecidos por enfermedades relacionadas con el calor extremo podrían sumar 20 mil. Las proyecciones en Francia apuntan a cinco mil 764 víctimas fatales del 17 de junio al 2 de julio; en Alemania, cinco mil 120 (la mayoría, personas adultas mayores); Bélgica casi dos mil y España se acercó a los mil decesos, sólo por mencionar algunos casos.

Pérdidas humanas que no deben verse como una cifra o una estadística más, sino como una consecuencia de la falta de seriedad de los países para aumentar los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París en 2015. Si bien hay avances, la quema de combustibles fósiles sigue dominando. El financiamiento verde es un pendiente. El negacionismo domina narrativas y socava la cooperación internacional. Y nadie quiere hacerse cargo de las pérdidas y daños. 

A lo anterior se suma que el suroeste de Francia, la zona de Burdeos, y el centro de España, cerca de Madrid, enfrentan incendios forestales de gran magnitud e incontrolables que, hasta el conteo de ayer, obligaron a evacuar entre 320 mil y 340 mil personas, miles de hectáreas se han calcinado; además, se formaron nubes de humo tóxicas y peligrosas que contaminan el aire y abonan a las emisiones de gases de efecto invernadero, que son, justo, las que tienen al planeta hirviendo.

Hace unos días un reporte de la organización World Weather Attribution señalaba que las precipitaciones en Europa han estado por debajo de la media (desde 2025), a lo cual se sumaron sucesivas olas de calor que intensificaron sequías en casi todo el continente, de ahí las afectaciones a la agricultura, ríos con bajo caudal e incendios forestales. Aquí no para el desastre. Los servicios meteorológicos anuncian para esta semana la cuarta cúpula de calor.

España y Portugal experimentarán temperaturas de entre 42 y 46 grados Celsius; el suroeste de Francia, 42 a 45 grados y 38 a 42 grados en los alrededores de París; en Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Polonia el termómetro rondará los 40 grados como máxima y el resto del continente, entre 36 y 41 grados. Y en África el calor extremo también tiene a poblaciones bajo estrés térmico e hídrico. 

Marruecos, por ejemplo, vivió su cuarta ola de calor, que inició el lunes 20 de julio con temperaturas en algunas regiones de entre 44 y 47, en otras de hasta 50 grados centígrados, de acuerdo con la Dirección Nacional de Meteorología, según información de Le Monde. Un dato que no debe pasarse por alto es que las calles marroquíes en el día lucen vacías, pero por las noches la gente sale y busca alivio en los parques, porque el calor nocturno también es molesto, indica el diario francés. 

Se trata de una manera de adaptarse a las temperaturas sofocantes nocturnas ahí, en los países europeos y en muchas otras latitudes. Y desde el domingo hasta hoy martes varias provincias marroquíes viven una nueva ola de calor con temperaturas que oscilan entre 42 y 47 grados centígrados.

Éstas son evidencias claras y registradas como consecuencias de la crisis climática con un aumento de la temperatura promedio global de 1.3 grados Celsius, hechos que la FIFA deberá tomar en cuenta para la celebración de la próxima justa mundialista en 2030, cuando España, Portugal y Marruecos sean sedes. 

El informe Actualización climática global anual a decenal 2026-2035 de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicado en mayo pasado analizó las temperaturas de los últimos cinco años para poder realizar pronósticos de temperaturas y precipitaciones a nivel regional para los próximos cinco años, lo cual convierte a este documento en una guía fundamental para la FIFA y para el mundo. Por supuesto, deberán revisarse aquellos otros estudios basados en la ciencia del clima que vayan publicándose en los próximos años.

Así, la OMM indica que entre 2026 y 2030 las proyecciones sitúan aumentos de entre 1.3 y 1.9 grados Celsius por arriba de los niveles del periodo preindustrial 1850-1900 y “según la actualización, es probable (86%) que un año entre 2026 y 2030 supere a 2024 como el año más cálido registrado”.

Y hay más para el análisis, las pruebas que dejó el Mundial 2026 que acaba de llevarse a cabo en México, EU y Canadá, como son las temperaturas registradas en las ciudades donde se llevaron a cabo los encuentros, sin olvidar humedad, lluvias, tormentas eléctricas y los incendios forestales en Canadá. 

También habrá que esperar las proyecciones de gases de efecto invernadero que se generaron, porque recordemos que esta Copa del Mundo fue calificada como la más contaminante, pues el cálculo científico apuntó a alrededor de nueve millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente, siendo el transporte aéreo el de mayores emisiones proyectadas. Hechos que deberán tomarse con la máxima seriedad, porque están de por medio la seguridad y salud de los jugadores y la afición.

Hay un antecedente de cambio de fechas, Qatar 2022, que se jugó del 20 de noviembre al 18 de diciembre, porque Oriente Medio arde en verano. Ahora Gianni Infantino tiene la oportunidad de programar con anticipación el calendario para meses menos calurosos, y no con el tiempo encima, como sucedió. A menos que las pausas de hidratación, por el dinero que entra por publicidad, dicten lo contrario.