Veletas
Personajes como Alejandro Encinas, Mario Delgado, Zoé Robledo y Dolores Padierna no hicieron el menor intento por defender instituciones que ellos contribuyeron a construir y que presumieron haber ganado batallas para imponer su visión.
Dice el diccionario que una veleta es un “aparato que sirve para saber la dirección en la que sopla el viento”, pero en política se le denomina así a las personas que acomodan sus posiciones políticas y sus pensamientos innovadores en función de la fuerza política que domina el país, es decir, carece de convicciones y se mueve conforme el viento del poder.
Desde que empezó la LXVI Legislatura, el llamado plan C de la Cuarta Transformación ha permitido que observemos a una clase política en la que hay muchos hombres y mujeres que acomodan su pensamiento y sus anhelos de país en función de con quién quieren quedar bien.
Hace 12 años, cuando con el auxilio del Pacto por México, el gobierno de Enrique Peña Nieto decidió construir acuerdos con el PAN y el PRD para concretar las llamadas reformas estructurales, fue posible atestiguar que los entonces senadores del PRD, comandados por Luis Miguel Barbosa, se convirtieron en unos férreos defensores de reformas profundas que controlaran al Ejecutivo federal.
Junto con Barbosa estaban Zoé Robledo, Alejandro Encinas, Dolores Padierna, Raúl Morón, Mario Delgado, Alejandra Barrales, quienes impulsaron cambios de fondo para que se fortalecieran organismos como el Instituto Federal de Telecomunicaciones, la Comisión Federal de Competencia, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales y el entonces Instituto Nacional de Evaluación Educativa.
Fueron especialmente exigentes en la construcción de la estructura anticorrupción y pusieron contra la pared al PRI de Peña Nieto para crear una ley estricta que involucrara a los particulares y que castigara con severidad a los sindicatos, partidos políticos y todos los que recibieran dinero federal.
De hecho, la dirigencia nacional del entonces PRD ordenó que no participaran en la construcción de las leyes de telecomunicaciones, pero el 5 de julio de 2014, diez senadores y senadoras perredistas votaron en favor de ellas con disposiciones referentes a medios sociales, subtitulaje de programas, cárcel para quien viole la privacidad de los usuarios, eliminación de la larga distancia y piso parejo para nuevos competidores.
En ese entonces, los perredistas parecían convencidos de las decisiones que tomaban.
Recuerdo a un exigente Alejandro Encinas que impulsó el nacimiento del Ifai (hoy Inai) y pidió dos leyes de transparencia: una general y otra federal. Trabajó de la mano con la panista Laura Rojas y los priistas Arely Gómez, Cristina Díaz y Raúl Cervantes para que el entramado jurídico quedara como la oposición exigía.
Era frecuente escuchar a los perredistas en conferencias de prensa para denunciar la “cerrazón” del PRI para aceptar sus exigencias y luego presumir que habían logrado “doblar” al oficialismo tricolor para imponer su visión.
A estos años de distancia, sin embargo, sólo Alejandra Barrales se mantuvo en su posición y, por eso, reprochó la decisión del ahora oficialismo morenista de destruir los organismos autónomos que tanto trabajo le había costado construir a la oposición.
Pero mientras hace una década Raúl Morón, por ejemplo, votó en favor de la construcción de esos organismos autónomos, ahora votó por su desaparición. Personajes como Alejandro Encinas, Mario Delgado, Zoé Robledo y Dolores Padierna no hicieron el menor intento por defender instituciones que ellos contribuyeron a construir y que presumieron haber ganado batallas para imponer su visión.
Fue el silencio lo que los caracterizó en estos días en que su nuevo partido, Morena, decidió acabar con los órganos autónomos y regresar, de facto, al viejo y repudiado sistema de un presidencialismo sin límites ni controles.
Olvidaron sus convicciones y se acomodaron a la nueva lógica. Ya no hablaron de la necesidad de limitar el poder presidencial, ya no hablaron de una democracia moderna basada en contrapesos y división de Poderes, ya no mencionaron en absoluto el derecho de los ciudadanos de conocer en qué se gastan sus impuestos.
Hoy se movieron conforme al viento.
