¿Se podrá confiar en él?

Horas después, los dirigentes juveniles fueron avisados de que Alejandro Moreno quería hablar con ellos directamente. ¿Acaso es una amenaza o una intimidación? ¿Quién pierde más, un partido que se desfonda progresivamente o unos jóvenes que pueden ser recibidos en otro partido, por la valía de su juventud misma y por los votos que implican?

El pasado fin de semana, el dirigente de la Red Jóvenes por México del PRI, Carlos Gutiérrez Mancilla, convocó a los integrantes de la organización para pedirles que firmaran un documento donde exigen la expulsión de Miguel Ángel Osorio Chong, coordinador de los senadores del PRI.

Lo que parecía una reunión donde las firmas fluirían con facilidad se complicó cuando, poco a poco, algunos de los dirigentes juveniles priistas expresaron puntos de vista diferentes al de su líder, no en defensa explícita de Osorio Chong, sino en el tenor de la carencia de motivos reales para pedir la expulsión, dado que disentir del dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, no es motivo para cancelarle la militancia al coordinador de los senadores del tricolor.

  • A final de cuentas esas voces no permitieron la firma masiva del documento, aunque horas después fueron avisados que el dirigente nacional quería hablar con ellos directamente. ¿Acaso es una amenaza o una intimidación? ¿Quién pierde más, un partido que se desfonda progresivamente o unos jóvenes que pueden ser recibidos en otro partido, por la valía de su juventud misma y por los votos que implican?

Lo ocurrido el fin de semana es una muestra tímida de lo que ocurre en el PRI.

Las cúpulas estatales y nacional del partido están controladas por Alejandro Moreno, que tiene una línea de trabajo en la que sólo se aceptan a los incondicionales; las voces disidentes son excluidas y vilipendiadas. O se está con él o se está en su contra. Y él mismo se ha encargado de dejarlo claro, pues en medio de discursos donde dice escuchar a todas las voces, lanza adjetivos de traidores, ingratos y hasta anacrónicos a quienes no avalan su acción y visión política.

Alejandro Moreno Cárdenas llegó a la presidencia nacional del PRI respaldado por los gobernadores que tenía el partido en 2019, cuando todo apuntaba a que el doctor José Narro Robles se iba a convertir en el dirigente nacional, dado que tenía el respaldo del expresidente Enrique Peña Nieto.

De acuerdo con el relato de algunos de los exgobernadores que hicieron posible el triunfo de Moreno Cárdenas, fueron Héctor Astudillo, de Guerrero y Alfredo del Mazo, del Estado de México, quienes operaron en favor del entonces gobernador de Campeche, a pesar de las advertencias que les llegaron: “Mucho rollo”, “tramposo”, “mentiroso”, pero él les ofreció que se convertiría “casi en un sacerdote”.

La idea de Astudillo y Del Mazo era que tuvieran un aliado gobernador en la dirigencia del partido, en el entendido que al no tener Presidente de la República emanado del PRI, la fuerza del partido recaería nuevamente en los gobernadores, como pasó cuando el PAN ganó la Presidencia.

Así, los gobernadores lograron revertir los acuerdos en torno a Narro Robles y la llamada cargada priista se lanzó a apuntalar a Moreno Cárdenas, que logró una votación de millones de priistas.

El paso del tiempo llevó a cinco de esos gobernadores a alejarse de Alejandro Moreno: Miguel Aysa (quien heredó la gubernatura de Alejandro Moreno en Campeche); el propio Héctor Astudillo; Omar Fayad, de Hidalgo; Quirino Ordaz, de Sinaloa; Claudia Pavlovich, de Sonora; Marco Antonio Mena, de Tlaxcala, y Alfredo del Mazo, del Estado de México, quien en medio de ese distanciamiento público logró entendimiento para imponer a Alejandra del Moral como candidata a la gubernatura.

En corto, algunos de esos gobernadores que, por cierto, vieron perder su estado en manos de Morena, aseguran que si pudieran regresar el tiempo, de ninguna manera respaldarían a Moreno Cárdenas.

  • Moreno Cárdenas tiene en la mira quitar a Miguel Ángel Osorio Chong como coordinador de los senadores del PRI. Aceptó el diálogo y el acercamiento, pero mandó a los suyos a pedir la expulsión del senador.

¿Será que hay aún quien confía en él?

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