¿Revuelta silenciosa en el PRI?

El grupo encabezado por Ulises Ruiz y Nallely Gutiérrez esta semana expusoque al interior del PRI no existe la tranquilidad y mansedumbre que su dirigenciase empeña en mostrar.

En el PRI, “los resultados del 6 de junio de 2021 están a la vista. La debacle del partido, que fue ya de por sí catastrófica, hubiera sido mayor si no fuera por el voto antiMorena y antiLópez Obrador. Nunca pudo estructurar una propuesta, atenuar el rechazo ciudadano al partido y postular mejores candidatos ni detener la caída en picada que va en la ruta de perder las prerrogativas como partido nacional".

El diagnóstico no es mío. Fue hecho por un grupo de priistas inconformes, que desde hace varias semanas comenzó a dialogar en torno a lo que considera un gravísimo problema.

Un diálogo lejos de la escena pública, pero que incluye diferentes liderazgos, exgobernadores, exlegisladores y exdirigentes estatales, preocupados por el monólogo político de Alejandro Moreno Cárdenas y su grupo de poder, que convirtió a la dirigencia nacional priista en la más excluyente de toda su historia.

Integrada por sólo dos hojas, la “Nota de análisis para una dirigencia del CEN del PRI que responda a los desafíos de legitimidad política, como partido opositor y para la competencia electoral en el 2024”, circula entre muchos priistas y evidencia que la inconformidad con la dirigencia nacional de Alejandro Moreno Cárdenas va más allá del grupo encabezado por Ulises Ruiz y Nallely Gutiérrez y que esta semana expuso que al interior del PRI no existe la tranquilidad y mansedumbre que su dirigencia se empeña en mostrar.

Los priistas, dice el documento, necesitan “una dirigencia nacional de emergencia, ocupada exclusivamente en cerrar el ciclo del grupo político de la administración pública federal pasada (peñistas) y de la imagen negativa del partido; devolver la armonía al partido y construir nuevos equilibrios con todos.

“Dotarle de una estrategia nacional como partido opositor ante el gobierno federal y los congresos federal y estatales y estructurar desde ahora una estrategia que le dé mayores capacidades competitivas para el 2024, actualizando sus estructuras, seleccionando desde ya cuadros militantes y de la sociedad civil que puedan ser postulados para los diferentes cargos de elección popular y desconcentrar la toma de decisiones”, dicen estos priistas.

Añaden que el nuevo dirigente del PRI “debe tener ‘cola corta’ y no estar bajo la tentación de la ‘candidatura presidencial’. Más bien que sus cartas credenciales sean de liderazgo, carácter, evidente postura opositora y con buenos resultados electorales”.

Y consideran que ese nuevo dirigente debe “crear las condiciones para la candidatura presidencial del 2024 y lograr un candidato que pueda encabezar el enojo antiLópez Obrador y antiMorena”.

En el PRI hay una revuelta silenciosa. Eso es innegable. Hay preocupación, porque a partir de este año solamente van a gobernar cuatro entidades de la República y trabajarán con el 79% menos de militantes en sus filas.

El PRI tiene el reto enorme en este 2021 de superar bien, unido, los conflictos internos que tiene, pero también no decepcionar al electorado que le dio una oportunidad más en la Cámara de Diputados. El PRI está siendo muy vigilado por la sociedad. Cada vez más lo observan casi con microscopio.

Sin embargo, la dirigencia nacional del partido no ha dado muestras de aprender de los errores. Ayer Moreno Cárdenas organizó una encerrona con los suyos, con sus aliados, con sus amigos y con sus trabajadores. No hubo una sola voz crítica. Todos cerraron filas con él. Y aunque perdieron ocho gubernaturas, a sus ojos no hay mayor problema.

El 6 de junio, expresó Beatriz Paredes Rangel, “logramos avanzar de manera muy significativa”, pues se trató de enfrentar una elección de Estado. Y nadie la contradijo.

Pero aunque los priistas son cada vez menos, lo cierto es que los liderazgos que se reunieron ayer no incluyeron a todas las voces.

Expulsarán a Ulises y a Nallely, pero eso ¿sofocará la inconformidad interna real?

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