Regresión
Guadalupe Taddie, presidenta del INE, será la primera en no tener la obligación de dialogar con el resto de los consejeros electorales para imponer nombramientos en posiciones esenciales para el funcionamiento del sistema electoral mexicano.
Incapaz de construir acuerdos, a pesar de sus antecedentes como parte de cuerpos colegiados, la presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), Guadalupe Taddei, revivirá de facto al México de 1990, cuando el secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, se convirtió en el presidente del naciente Instituto Federal Electoral (IFE) y ostentaba el poder absoluto en la estructura del primer órgano electoral que tuvo el país.
Respaldada por la presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), Mónica Soto, y los magistrados Felipe de la Mata y Felipe Fuentes, la presidenta del INE será la primera en no tener la obligación de dialogar con el resto de los consejeros electorales para imponer nombramientos en posiciones esenciales para el funcionamiento del sistema electoral mexicano.
Luego de un año de constantes fracasos para que la mayoría de los 11 integrantes del Consejo General del INE la respaldara en las propuestas que presentó, Guadalupe Taddei tuvo un triunfo en el TEPJF, pues los magistrados anularon de facto el colegiado del Consejo General y le permitieron nombrar por ella misma, incluidas las personas que fueron rechazadas por la mayoría de los consejeros, encargados en puestos clave del órgano electoral nacional.
Se trata de la Secretaría Ejecutiva, las direcciones ejecutivas de Prerrogativas y Partidos Políticos, del Servicio Profesional Electoral Nacional, de Capacitación Electoral y Educación y de Administración, amén de las coordinaciones de Servicios de Informática y de Comunicación Social, la Dirección Jurídica y las unidades técnicas de lo Contencioso Electoral, de Fiscalización, y de Transparencia y Protección de Datos Personales.
Empujado paulatinamente por los partidos opositores y cada vez más por ciudadanos que no militan en los partidos políticos, el INE fue el triunfo democrático de una sociedad mexicana que mayoritariamente optó por el camino de la democracia para acabar con el monopolio priista.
Así, en 1990 nació el Instituto Federal Electoral (IFE), que tuvo una composición muy ligada todavía al gobierno federal, porque su presidente era el secretario de Gobernación, tenía seis consejeros nombrados por el Presidente de la República, dos diputados y dos senadores, más los representantes de los partidos políticos. Su primer presidente, como ya mencionamos fue Fernando Gutiérrez Barrios.
En 1994, el presidente del IFE era aún el secretario de Gobernación, pero los consejeros electorales presidenciales fueron sustituidos por seis “consejeros ciudadanos”. En ese año de convulsión política y de elecciones que ganó Ernesto Zedillo, fue Jorge Carpizo quien presidió el instituto y fue la última vez que una elección federal estuvo bajo la responsabilidad de la Secretaría de Gobernación.
En 1996 se decidió que el IFE estuviera integrado por nueve consejeros, uno de ellos su presidente, nombrados por la Cámara de Diputados, que tuviera un secretario ejecutivo y los representantes del Poder Legislativo y de los partidos políticos sólo tuvieran derecho a voz, es decir, el IFE pasó a la responsabilidad de los ciudadanos.
En 2014, el IFE se transformó en el Instituto Nacional Electoral (INE) y el número de consejeros creció a once.
Es evidente que la apuesta nacional histórica en materia electoral fue por las decisiones colegiadas, por dejar atrás la etapa de una autoridad unipersonal que avasalla como representante de un gobierno que emana de un partido político mayoritario, porque desde 1977 quedó claro que México es ideológica y políticamente plural.
Pero este 2024, las decisiones judiciales de última instancia abrieron la puerta del INE para retornar al escenario de los noventa, cuando no fue necesario el diálogo, porque la aplanadora partidista e ideológica bastaba.
