Punto de quiebre

La tragedia ocurrida el lunes en la Línea 12 del Sistema de Transporte Colectivo Metro en la Ciudad de México me hizo recordar al México lastimado y molesto de 1985; un México que descalficó a silvidos a un Presidente de la República en el Estadio Azteca, durante el Mundial de Futbol de 1986, como forma de patentar que lo ocurrido un año antes no estaba olvidado.

Aunque la mayoría de los especialistas coincide que la caída electoral del PRI comenzó en el umbral de la década de los noventa del siglo pasado, militantes priistas aseguran que el inicio del fin de su poderío electoral fue en 1985, año del terremoto de la Ciudad de México, cuando la sociedad civil descubrió que podía organizarse al margen del tricolor.

“Fue el punto de quiebre”, relatan algunos viejos priistas que conocieron las entrañas del tricolor cuando era el partido político más poderoso de América Latina.

¿Por qué el comienzo del debilitamiento priista? Porque de acuerdo con los protagonistas de esa época, el PRI se equivocó al impedir que las mujeres y los hombres que tenían el control político en calles, colonias y regiones completas del país y, por lo tanto, tenían la interlocución con la población, se convirtieran en candidatos y tuvieran un mejor espacio político. Optó por apoyar a liderazgos que jamás se habían ensuciado los zapatos en la tarea política de tierra.

Pero también se equivocó en no saber escuchar a los ciudadanos que estaban cansados de ser ignorados y que en la capital del país demostraron que podían rebasar al gobierno, en medio de una grave tragedia humana.

La dolorosa tragedia ocurrida el lunes 3 de mayo en la Línea 12 del Sistema de Transporte Colectivo Metro en la Ciudad de México me hizo recordar al México lastimado y molesto de 1985; un México que descalificó a silbidos a un Presidente de la República en el Estadio Azteca, durante el Mundial de Futbol de 1986, como forma de patentar que lo ocurrido un año antes no estaba olvidado.

Esta semana volví a ver cómo la sociedad rebasó a los tres niveles de gobierno. ¿Alguien sabe dónde está el alcalde de Tláhuac? La jefa de Gobierno de la Ciudad de México ni siquiera ha podido ordenar la destitución de la directora del Metro; no ha pedido una sola renuncia y hasta el momento, el Ejecutivo federal no ha acudido a la zona de desastre.

La evidente falta de sensibilidad de los tres niveles de gobierno, todos emanados de Morena, muestra a una clase política indolente; preocupada más por evitar que sus aspiraciones presidenciales se derrumben junto con el Metro, que por atender las demandas de 25 familias que perdieron la vida de sus seres queridos o de otras decenas de heridos que padecen el abandono oficial en los hospitales.

En las redes sociales ha sido evidente que dentro de Morena existen grupos que aprovechan para apuntalar a sus posibles candidatos y para golpear a quienes pueden hacerle sombra. Los nombres de Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal son frecuentes en esa tempranera apuesta de las huestes interesadas en apuntalar a sus posibles candidatos presidenciales.

La sesión de la Comisión Permanente de ayer, incluso mostró a un Morena más interesado en lavarle la cara a sus militantes involucrados y cuidarles las espaldas que en buscar justicia para las víctimas.

En 1985 fue la naturaleza la que puso a prueba a un PRI que se debilitó ante los reclamos de la sociedad civil porque no supo escucharlos. En 2021 es la negligencia de los gobiernos de la capital del país, encabezados por el mismo grupo político desde 1997, la que mató a 25 personas y puso en jaque la salud de 79 más.

Y no olvidemos que muchos de los activos políticos actuales de Morena surgieron justamente del activismo social en 1985, como Dolores Padierna y René Bejarano. El propio canciller Marcelo Ebrard, quien como jefe de Gobierno lideró la decisión de construir la Línea 12 del Metro, fue parte del grupo de políticos priistas que dialogó con los damnificados hace 36 años, junto con Manuel Camacho Solís.

Hoy, las apuestas internas en Morena se centran en aprovechar para sí el desgaste que implica para un gobierno enfrentar una tragedia de esta magnitud, pero en ese frenesí no han podido ver que, al margen de los partidos políticos, se escuchan ahora voces de una sociedad que ha comenzado a expresar su inconformidad.

Esa torpeza política de los morenistas me lleva a preguntar si la tragedia de la Línea 12 del Metro será el punto de quiebre de una clase política que ni ve ni oye el reclamo social o ¿será que su cálculo es que Tláhuac no le cobrará factura en sus planes electorales?

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