Polarización, el peor escenario ante Trump
No es correcto que un poder aplaste a quienes piensan diferente a él y pretenda acallar y someter a todos quienes muestran resistencia. Eso fue lo que hizo Morena en el Senado y en la Cámara de Diputados para desaparecer todas las instituciones.
Aunque el gobierno federal no lo dice de manera abierta, porque juega a que los mexicanos no se dan cuenta de lo que ocurre, existe una verdadera preocupación por las advertencias de Donald Trump y el escenario de deportaciones masivas en enero está ya en los escritorios del primer círculo de poder del país.
Pero además del grave problema que implican las señales que ha mandado Trump con la conformación de su equipo de trabajo y el perfil de su embajador en México, que adelanta un ánimo más radicalizado del que tuvo en su primer periodo como presidente de Estados Unidos, el gobierno federal enfrenta un problema grave en el interior del país: la polarización fomentada en los últimos años y agudizada en los recientes seis años.
La voracidad de poder de Morena, que busca a toda costa regresar a México a los años del echeverrismo y el lopezportillismo, con un partido hegemónico sin contrapesos y una oposición testimonial, le llevó a un frenesí legislativo que anuló, en sólo tres meses, los avances democráticos que los mexicanos habíamos construido a lo largo de 40 años.
Debe ser difícil para los militantes de Morena que construyeron su trayectoria de luchadores sociales y políticos de oposición con base en criticar el poderío priista tener que tragarse esa trayectoria y hoy darle vida a ese viejo PRI color guinda, aunque también es completamente cierto que la añoranza por ese viejo PRI tiene miles, millones de simpatizantes que aplauden la regresión.
Ese frenesí legislativo. Esa voracidad de Morena generó que la polarización social ya existente hoy esté exacerbada.
No es correcto que un poder aplaste a quienes piensan diferente a él y pretenda acallar y someter a todos quienes muestran resistencia. Eso fue lo que hizo Morena en el Senado y en la Cámara de Diputados para desaparecer todas las instituciones, los contrapesos, los controles sociales y las autonomías reguladoras que se edificaron durante décadas.
Por un lado, los partidarios de una democracia real están molestos. Por el otro, los nostálgicos del pasado aplauden de pie.
Así, México vive una polarización exacerbada que dificulta la estrategia oficialista para enfrentar las decisiones de Donald Trump.
Algunos integrantes del gobierno han confiado a legisladores que sí existen temores de que Trump entre a territorio nacional para combatir a los grupos de narcotráfico y México carece de fortalezas militares para resistir, y ahora hay mexicanos que, producto de la polarización, prefieren un escenario de entrada de tropas estadunidenses que cerrar filas por la defensa de la soberanía nacional.
Al conocerse que por primera vez en años una titular de la Secretaría de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, accedió a dialogar con la oposición en el Senado y al salir ella misma mostró un ánimo inesperado, porque la oposición cerró filas con el gobierno federal para estar preparados como nación ante las amenazas de Trump, diversas voces mostraron su malestar con la oposición por apoyar a un gobierno que fue el que provocó la crisis con Estados Unidos.
Es verdad que decisiones como abrazos, no balazos a los delincuentes, vetar el maíz transgénico, cambiar las reglas en materia petrolera y eléctrica; desaparecer los órganos autónomos de competencia, telecomunicaciones, transparencia y destrozar al Poder Judicial pegó directo a la confianza de los inversionistas internacionales.
Los críticos del gobierno tienen razón en plantear que fue el propio gobierno morenista el que propició el escenario de riesgos con el nuevo gobierno de Estados Unidos.
Pero también es cierto que los senadores de oposición tienen razón para mostrar al gobierno federal que hay disposición de caminar juntos para actuar como Estado ante las decisiones de Donald Trump; “la patria es primero”, recordó el panista Ricardo Anaya en esa reunión a puerta cerrada con Rosa Icela Rodríguez.
Será difícil para el morenismo aplastante y proclive a la humillación de sus adversarios construir la unidad nacional que destruyó y eso constituye el peor escenario frente a Trump.
