Perdían. Y lo sabían
El escenario de la derrota estaba en el escritorio de quien tomó las decisiones electorales en la Ciudad de México: Claudia Sheinbaum, de facto la jefa política de la capital del país,y René Bejarano, el operador que garantizó ganar con facilidad
Al menos desde el 12 de mayo, en Morena sabían que se encaminaban a una hecatombe electoral en la Ciudad de México, con una alerta de perder al menos medio millón de votantes. Pero el 6 de junio quedó confirmado que perdió 773 mil 921 votos en las alcaldías; 867 mil 584 votos en las diputaciones locales y 841 mil 702 votos para las diputaciones federales. Las cifras confirmaron el derrumbe.
Y también los primeros días de mayo, Morena sabía con certeza que la decisión de elegir a Dolores Padierna, Víctor Hugo Romo, Vidal Llerenas, Eduardo Santillán, Patricia Ortiz, Gabriela Osorio y Carlos Castillo como candidatos a alcaldías donde tienen el gobierno se encaminaba a la derrota, porque los propios equipos de campaña de los candidatos reportaban el rechazo ciudadano, al grado que ni siquiera les abrían la puerta de sus casas para escucharlos.
Pero, además, las heridas causadas provocaron “brazos caídos” en el propio partido.
El escenario de la derrota estaba en el escritorio de quien tomó las decisiones electorales en la Ciudad de México: Claudia Sheinbaum, de facto la jefa política de la capital del país, y René Bejarano, el operador que garantizó ganar con facilidad, confiado en que su grupo político y la marca Morena aseguraban el triunfo, al grado, que podían ganar, incluso, si ponían una caja de zapatos como candidato.
La realidad de la campaña les era adversa y se negaban a verlo. Incluso otro de los operadores políticos de la Ciudad de México, Martí Batres, estaba confiado en que el triunfo era seguro.
Así, electoralmente, la Ciudad de México fue territorio exclusivo de ellos. Fue notorio que Mario Delgado, jefe nacional de Morena, no hizo actos de campaña en la capital del país. La explicación es que desde Palacio Nacional le fue solicitado que no se metiera en la entidad, que dejara que los “dueños” del electorado capitalino hicieran lo que siempre les había funcionado.
Cada una de las siete alcaldías que perdió Morena en manos de la oposición “moralmente derrotada” tiene una explicación particular, en función de su propio microcosmos político, como Miguel Hidalgo, que había sido gobernada por el PAN y que tuvo un periodo con Morena que no satisfizo a los ciudadanos.
O Tlalpan, territorio dominado por Sheinbaum y su grupo político desde 1997, donde no se movía una pluma sin la autorización de ese grupo que nació en Ciudad Universitaria de la UNAM, en 1986, con las siglas del Consejo Estudiantil Universitario (CEU).
La derrota en Tlalpan fue un golpe detrás de las rodillas a ese grupo político que hoy está en la Jefatura de Gobierno y que presume ser el único con la patente de saber ganar elecciones.
Y pues los habitantes de la demarcación, muchos víctimas del golpe del Conacyt a la comunidad científica, perpetrado por María Elena Álvarez-Buylla; de las afectaciones a la vida académica de la UNAM y la UAM; de los recortes de personal a nivel federal y de la austeridad que les redujo sus salarios. U otros, que a pesar de 25 años de gobiernos del mismo grupo político no salen de la pobreza en la que viven ni tienen los servicios que merecen. Y otros más, víctimas de la indolencia ante la tragedia del sismo de 2017, que los dejó sin hijos, sin padres, sin hermanos, sin casas.
En la Cuauhtémoc hubo una suma de factores. Los pleitos de Padierna con la familia de la fallecida Guillermina Rico; sus diferencias con María Rosete, quien domina el distrito ocho o la mitad de la alcaldía, del lado que colinda con la Gustavo A. Madero. Sus pleitos con los taxistas tolerados y, sin duda, el perder su grupo el gobierno de la alcaldía en 2015 implicó despedirse de sus operadores políticos en el distrito 12, donde centraba su dominio.
En la derrota de Morena en la Ciudad de México no aplica el “fue Teté”. La derrota tiene tres responsables que perdían, lo sabían; no hicieron nada por evitarlo y cuando despertaron, el imperio ya no estaba ahí.
