Las tijeras del bienestar

Aunque pareciera que la violencia entre senadoras no puede escalar más, el 25 de junio pasado, durante una sesión de la Comisión Permanente, la diputada petista Lilia Aguilar y la senadora morenista Karina Ruiz, hicieron todo lo posible por callar a Lilly Téllez que, con un megáfono gritaba: “Ferrer, corrupto, ya vas a correr”

Desde agosto de 2020, recién se retomaba el trabajo cotidiano del Senado, luego de la pandemia por covid-19, el pleno comenzó a registrar un fenómeno nuevo en su historia: la creciente violencia verbal entre las senadoras.

En ese tiempo, las senadoras panistas Lilly Téllez, Kenia López Rabadán, Xóchitl Gálvez y Martha Cecilia Márquez, actualmente petista, provocaban el enojo constante de las y los senadores oficialistas, mayoritariamente los morenistas, porque lo mismo desplegaban mantas gigantes, que colocaban carteles en sus escaños, llevaban canastas con huevos en comparecencias o cetros de reyes.

El 12 de octubre de 2020, la tensión creciente entre las y los senadores de oposición con el entonces subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, reventó la comparecencia ante la Comisión de Salud del Senado, que entonces era presidida por Miguel Ángel Navarro, quien consideró que no había las condiciones para continuar, luego que la panista Martha Cecilia Márquez se acercó a López-Gatell para darle gel antibacterial.

El ambiente tuvo una dinámica de tensión creciente. Cartulinas con mensajes críticos y reproducciones de cartones periodísticos en torno al subsecretario acompañaron las intensas participaciones de las senadoras.

La panista Martha Cecilia Márquez le avisó que lo denunciará penalmente por mentir, lo acusó de haber robado los medicamentos oncológicos y le dijo que su nivel de conocimiento legal es “de un niño de primaria”.

Lilly Téllez le regaló a López-Gatell un bastón de mando, que le llevó hasta su lugar en la tribuna y lo llamó “pequeño virrey de las camas vacías”.

Así empezó una constante en la panista Lilly Téllez: hacer rabiar a los morenistas.

A los senadores de las LXIV y LXV Legislaturas los hizo enojar por los mensajes que les lanzaba. A José Narro le pidió que dejara de “sacarse los mocos” mientras presidía el Senado; a Napoleón Gómez Urrutia le pidió que se callara y esperara suS croquetas.

El 4 de octubre de 2022, visiblemente molesta, la morenista Lucía Trasviña se acercó Lilly Téllez para espetarle en la cara que “yo no soy hiena”, mientras levantó los brazos, frente al rostro de la panista, quien no se echó atrás y le dijo a la morenista: “Eres una corrupta”.

Así, cara a cara, con sólo el atril de la tribuna principal del Senado entre ellas, ambas senadoras escribieron una página inédita en la historia del Senado, con dos mujeres en una situación que parecía iba a estallar en golpes.

“No soy corrupta”, le dijo Trasviña, pero sin inmutarse, sin echarse atrás, Lilly Téllez le respondió: “Lo eres. Están encubriendo al crimen organizado; están encubriendo al crimen organizado”.

“La senadora que acaba de calumniar a la senadora Xóchitl es la misma que fue captada en video recibiendo dinero en efectivo en bolsas de papel. Que quede bien claro que quien calumnió a Xóchitl Gálvez es la que sale en un video recibiendo cash en bolsas de papel”, dijo Lilly Téllez.

Después Rocío Abreu acusó a Téllez de ser amante del marido de una amiga de ella. La entonces presidenta del Senado, Ana Lilia Rivera llamó “pinche loca” a Kenia López Rabadán, en la sesión del 21 de febrero de 2024. Y, aunque pareciera que la violencia entre senadoras no puede escalar más, el 25 de junio pasado, durante una sesión de la Comisión Permanente, la diputada petista Lilia Aguilar y la senadora morenista Karina Ruiz, hicieron todo lo posible por callar a Téllez que, con un megáfono gritaba: “Ferrer, corrupto, ya vas a correr”.

Le jalaron el megáfono, la siguieron hasta la tribuna. Lilia Aguilar intentó apagarle el altavoz y Karina Ruiz sacó unas tijeras para cortar el cable. Le costó mucho trabajo hasta que lo logró. Fueron cinco minutos de tensión en los que ninguna otra legisladora intentó evitar el zafarrancho ni llamó a la mesura a sus compañeras. Ninguna otra senadora condenó los hechos.

¿Estarán cerca los golpes? Quizás.

Lo que es un hecho es que al feminismo legislativo lo cortan unas tijeras del bienestar.

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