La presidencia del Senado
Desde hace semanas existen dos nombres de morenistas que quieren presidir el Senado: Alejandro Armenta, del ala de los moderados y que por obvias razones se decanta por las aspiraciones presidenciales de Ricardo Monreal, y José Narro, del ala de los radicales y que se ha decantado por la candidatura presidencial de Marcelo Ebrard.
El próximo 31 de agosto, en reunión previa a la apertura del periodo ordinario, el Senado elegirá al morenista que lo presidirá durante un año, pero como nunca antes el proceso se ha plagado de juegos políticos que rebasan el ámbito legislativo y tocan intereses relacionados con la muy anticipada carrera presidencial.
Desde mayo de 2019, cuando Martí Batres anunció que se iba a reelegir como presidente del Senado, es un asunto público que la bancada de Morena está dividida en dos grandes grupos.
Los llamados ultras, radicales o puros, frente a los moderados o institucionales.
En la pugna por la presidencia del Senado ese 2019 fue claro que los ultras o puros estaban con Martí Batres, mientras que los moderados o institucionales respaldaban a su coordinador, Ricardo Monreal, en el planteamiento de que la presidencia se rotara entre hombres y mujeres de manera anual.
Identificada inicialmente con los ultras, la tabasqueña Mónica Fernández Balboa levantó la mano para aspirar a la presidencia.
Evidentemente, el grupo de los radicales no estuvo de acuerdo, en aras de mantener el respaldo a Batres, incluso intentaron que el Presidente de la República diera la orden de que se apoyara a Batres, pero el mandatario federal dejó muy claro que el Senado era asunto sólo de Ricardo Monreal y él no se iba a meter.
Mónica Fernández ganó.
En 2020, la elección de Eduardo Ramírez Aguilar no tuvo ningún problema. Tersa, con respaldos hasta de los opositores, por su talento para escuchar a todos y su decisión de lograr acuerdos.
Pero en 2021 las cosas cambiaron. El Presidente de la República se alejó de Ricardo Monreal, con quien durante tres años desayunó dos veces al mes. Escuchó las voces de los ultras externos al Senado que acusaron a Monreal de ser el culpable de que Morena perdiera la mitad de la Ciudad de México en las elecciones de ese año. Monreal no volvió a Palacio Nacional.
Y, mientras en 2019 el Presidente de la República dijo: el Senado es asunto de Monreal; en 2021 dispuso que la entonces secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, regresara al Senado y se convirtiera en presidenta, con lo cual dejó en el camino a las senadoras que estaban interesadas en esa posición, como Marybel Villegas e Imelda Castro.
Desde hace semanas existen dos nombres de morenistas que quieren presidir el Senado: Alejandro Armenta, del ala de los moderados y que por obvias razones se decanta por las aspiraciones presidenciales de Ricardo Monreal, y José Narro, del ala de los radicales y que se ha decantado por la candidatura presidencial de Marcelo Ebrard.
Pero, también alzó la mano Gabriel García, quien en un foro se presentó como parte del equipo que respalda la carrera presidencial de Claudia Sheinbaum.
Ayer, Higinio Martínez informó que sí tiene interés en convertirse oficialmente en el cuarto aspirante a la presidencia del Senado, pero anticipó que sólo irá, si logra convertirse en candidato de unidad; es decir, no ir a una competencia de votos y ver quién gana, sino que trabajará este fin de semana para construir consensos en torno a su persona, por parte de los 59 integrantes restantes de Morena en el Senado.
Pero hasta este viernes, Alejandro Armenta tiene el compromiso de 38 de los 59 de sus compañeros para respaldarlo, aunque no cuenta con las simpatías en la oposición.
¿Será que puede Higinio Martínez hacer que esas firmas cambien de decisión?
Este contexto muestra que la otrora tranquilidad de un proceso interno del Senado, que tenía la libertad de los morenistas para decidir, se torna en un escenario complicado, porque en los pasillos, a media voz, los morenistas están a la expectativa de si el mandatario federal les volverá a pedir que apoyen a un candidato que él decida, como si no existiera la división de Poderes.
