La hoguera de vanidades del bienestar
Cuando llegó el morenista Adán Augusto López Hernández cedió a la petición de varias de sus compañeras senadoras, todas de Morena, para que nuevamente pusieran a funcionar el salón de belleza. Lo hicieron en la opacidad y en el silencio
En mayo de 2014, el entonces presidente nacional del PAN, Gustavo Madero, y el coordinador de los senadores del PAN, Ernesto Cordero, se distanciaron tanto que Madero destituyó a Cordero y comenzó una pelea intrapartidista que repercutió en la cotidianidad del Senado, al grado que el fuego amigo dejó ver que los entonces panistas, algunos calderonistas, utilizaban el dinero del Senado para comprar shampoo contra la calvicie y hasta chambritas.
Pero no fueron los únicos que resintieron los primeros efectos de las obligaciones de transparencia que el propio Senado había creado. La entonces senadora petista, Layda Sansores, fue balconeada por usar el dinero del Senado para comprar su tinte rojo para el cabello.
La transparencia del Senado permitió conocer que un grupo de senadores realizó el viaje al extranjero más caro: en febrero de 2017, 10 senadores viajaron a Fiji y el costo total fue de dos millones 194 mil 742 pesos.
También se conoció que los snack en los días de sesión del pleno del Senado implicaban gastos de al menos 55 mil pesos; que el servicio de peluquería y salón de belleza le costaba 1.2 millones de pesos anuales, porque los peluqueros y estilistas eran pagados por la institución vía honorarios.
Y en uno de los mayores absurdos, fue público que la Junta de Coordinación Política que presidió el entonces panista Jorge Luis Preciado, pagó una investigación sobre el corte de carne arrachera por más de 200 mil pesos, sin que jamás se justificara para qué se usó. El Senado compró una cama, colchón y otros enseres domésticos para que el entonces perredista Luis Miguel Barbosa, que padecía diabetes, pudiera tener momentos de reposo sin alejarse de sus actividades políticas y legislativas.
Luego, en 2018, vino el triunfo de Morena y el Senado fue gobernado por el morenista Ricardo Monreal.
Lo primero que hizo fue recortar mil millones de pesos, para lo cual canceló el seguro de retiro, la compra de vehículos, suspendió el pago de bonos trimestrales de 40 días a todo el personal, redujo los techos de salarios, quitó a las bancadas el pago a sus colaboradores y suspendió el funcionamiento de la peluquería y del salón de belleza.
Sin embargo, los escándalos por los gastos excesivos o abusivos no cesaron.
Sólo por mencionar dos casos: el Senado pagó un servicio de monitoreo de medios por 19 millones de pesos, a pesar que ese trabajo ya lo entregaba la Secretaría de Gobernación y lo hacía su propio personal; canceló el contrato. El líder del Senado, Ricardo Monreal, financiaba sus libros con dinero del Senado; una vez conocido el hecho, se canceló.
Pero a la par, el Senado incumplió sus obligaciones de transparencia. Ya no fue posible conocer el monto que entregaba a las bancadas y en qué lo gastaban éstas ni cuántos trabajadores tenía ni cuántos contratos de prestadores de servicios firmaba ni cuántos empleados despedía ni cuánto dinero daba a sus diferentes organismos internos, entre muchos otros.
Concluyó el periodo de Ricardo Monreal y llegó el morenista Adán Augusto López Hernández, quien cedió a la petición de varias de sus compañeras senadoras, todas de Morena, para que nuevamente pusieran a funcionar el salón de belleza. Lo hicieron en la opacidad y en el silencio, porque el Morena que criticaba esos servicios como privilegios, ahora los restablecía para gozar de ellos, pero al ser descubiertos se descompusieron tanto que, una vez más, su estrategia de contención de crisis fracasó.
¿Qué tiene que ver la carne arrachera, los tintes para el cabello, los shampoo para la calvicie, las chambritas o los colchones con el trabajo legislativo?
Nada, pero convirtieron al Senado en una hoguera de vanidades, donde es más importante ir a un salón de belleza, como lo hizo la verdeecologista Juanita Guerra, que estar presente en el salón de plenos o cabildear la apertura de ese salón de belleza que presentar iniciativas que modifiquen el orden jurídico nacional.
Ay, don Belisario, si usted viviera…
