Harakiri político
Pero los afectos son los afectos y Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard lo saben bien. Ambos son políticos profesionales; crecieron dentro del viejo sistema priista y se rebelaron internamente. Ambos tienen seguidores. Ambos fueron gobernantes.
Durante todo el periodo posrevolucionario, la liturgia priista creó la cultura de contener a los políticos en sus aspiraciones presidenciales con dos objetivos principales: no debilitar el liderazgo único del Presidente de la República en turno y no abonar a una grillería interna en el partido.
Pero en este 2021 hemos visto que esa cultura se acabó. El propio Presidente de la República ha dado el banderazo de salida a la carrera presidencial, pero con ello también desató la guerra interna en Morena.
Desde el 5 de diciembre del 2018, a quienes damos seguimiento a la vida política del país nos quedó claro que Claudia Sheinbaum es la preferida de los afectos del Presidente de la República.
En esa ocasión, al llegar al Congreso capitalino para acompañarla en su toma de protesta como Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que ella es una “muy buena servidora pública”.
—“¿Cree usted que lo supere como Jefe de Gobierno?”, le preguntó una reportera al mandatario federal.
—“Sí, sí. Me va a superar”, contestó de inmediato.
Hay otro personaje político a quien el Presidente de la República le tuvo atención especial: Ricardo Monreal Ávila.
Cuando Monreal se molestó, porque no quedó como candidato de Morena a la Jefatura de Gobierno, López Obrador anunció en dos ocasiones que lo buscaba para pedirle que se quedara en Morena. Lo informó en una visita que hizo a Sinaloa, el 27 de octubre del 2017 y en Zacatecas, el 5 de noviembre de ese año.
Después, desde el Auditorio Nacional, el 20 de noviembre del 2017, el propio López Obrador anunció que Ricardo Monreal se quedaba en Morena, porque él se lo había pedido.
A otro con quien ha tenido cercanía, Marcelo Ebrard, también lo ha considerado un compañero importante. A Marcelo Ebrard le ha confiado tareas fundamentales para su gobierno, incluso coordinó las primeras acciones en materia de migración, de atención contra covid-19 y es la cara visible de México en el mundo.
Pero los afectos son los afectos y Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard lo saben bien. Ambos son políticos profesionales; crecieron dentro del viejo sistema priista y se rebelaron internamente. Ambos tienen seguidores. Ambos fueron gobernantes. Ambos han sido legisladores, más Monreal que Ebrard, y ambos han mostrado en diferentes ocasiones y de maneras diferentes sus lealtades a López Obrador.
Incluso en los círculos de primer nivel de la política en Morena se habla en voz baja que el reciente anuncio de Marcelo Ebrard de que irá por la Presidencia de la República fue solicitado por el propio mandatario federal, para jalar un poco la atención centrada en Sheinbaum como la única favorita.
¿Cómo leer la decisión de Ebrard y Monreal de admitir que sí van por la candidatura presidencial? Con una anticipación de tres años, a lo largo de los cuales pueden pasar muchas cosas, es difícil hablar con certeza de los escenarios, pero los ataques furiosos de las granjas de bots y los aliados del oficialismo capitalino en contra de Monreal y Ebrard, reflejados en las redes sociales, permiten anticipar que ambos políticos tendrán dificultades para lograr la candidatura de Morena.
A mí me parece que Movimiento Ciudadano es el espacio ideal para ambos, en caso de que Morena mantenga la señal presidencial de cargar todos los dados en favor de Claudia Sheinbaum, pero en Movimiento Ciudadano también puede levantar la mano Enrique Alfaro.
Y en el caso de Monreal, incluso creo que puede construir un frente plural, porque conserva muy buenas relaciones con todas las fuerzas políticas.
Además, recordemos que no es lo mismo el poder del Presidente de la República hoy, para imponer un candidato, que en 2024, cuando esté por terminar su gobierno.
¿Estamos ante un harakiri del Movimiento de Regeneración Nacional?
