El año que viviremos en tensión

Desde hace varias semanas, una de las familias unamitas más conocida, cuya cabeza es Pablo Gómez, ha comenzado a trabajar en apoyo de algunos aspirantes universitarios a la rectoría. Pero también otra de las familias unamitas, que encabeza Rosaura Ruiz y su pareja sentimental, tienen interés en apuntalar a su propio candidato.

La próxima semana comienza formalmente el año político en México, porque la principal arena de disputas políticas, el Congreso de la Unión, regresa a sus actividades ordinarias y ya desde ahora se anticipa la dinámica de tensión.

Claro que hay otros escenarios que serán foco de esa tirantez política.

La próxima semana comienzan las actividades escolares de la UNAM y con ello se activa la grilla estudiantil y académica, porque este año tendrá el proceso de sucesión en la rectoría.

Concluye el segundo periodo del doctor Enrique Graue y la tradicional e histórica grilla interna de los unamitas se verá exacerbada por el interés que los gobiernos morenistas de la Ciudad de México y federal tienen en controlar la vida de la institución.

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Hace sólo un par de semanas, el cambio de secretario general Ejecutivo de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) mostró el abierto interés que tienen ambos niveles de gobierno en meterse hasta la cocina en la vida interna de las universidades, porque es de todos conocidas las filias políticas del nuevo titular, Luis González Placencia, quien, con el respaldo de los dos niveles de gobierno venció a los candidatos de los rectores.

Claro que la docilidad de la mayoría de los rectores fue fundamental para ese triunfo. Una docilidad que no necesariamente será reproducida en el interior de la UNAM, donde cada día se registran más críticas a las decisiones del gobierno federal en materia de política educativa, de ciencia y tecnología.

Desde hace varias semanas, una de las familias unamitas más conocida, cuya cabeza es Pablo Gómez, ha comenzado a trabajar en apoyo de algunos aspirantes universitarios a la rectoría.

Pero también otra de las familias unamitas, que encabeza Rosaura Ruiz y su pareja sentimental, con quien fue hace años integrante del staff del rector Juan Ramón de la Fuente, tienen interés en apuntalar a su propio candidato.

Claro que los llamados grupos radicales de Morena impulsan que uno de los suyos llegue a la rectoría.

Desde la Junta de Gobierno y el Colegio de Directores existe la previsión que la UNAM revivirá los tiempos del PRI que buscaba incidir en las decisiones de la institución, aunque ahora las formas no son sutiles y más bien son burdas y groseras. El pleito entre los morenistas y entre éstos y el resto de la comunidad universitaria será inevitable.

Ya en 2015, la Junta de Gobierno de la UNAM demostró que no le gusta que la presionen y rechazó nombrar como rector a Sergio Alcocer, que traía el respaldo presidencial de Enrique Peña Nieto.

El otro escenario natural de la disputa política serán el Estado de México y Coahuila, donde Morena está dispuesta a ganar a como dé lugar. Mientras que un PRI coahuilense parece tener más armas para mantenerse en el poder, ante la división morenista en la entidad, el PRI mexiquense no logra aún los números para sostenerse, porque su candidata no hace clic con los electores.

Y por supuesto que otro escenario de tensión es la lucha del Instituto Nacional Electoral (INE), del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y de los Organismos Públicos Electorales estatales contra el plan B electoral, que se vivirá en tres pistas: en ellas mismas, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el Poder Legislativo.

Con los pies metidos en todos esos escenarios, en busca de controlar todas las instituciones del Estado, Morena tendrá en sí misma su escenario de disputa, por las ambiciones presidenciales de los grupos que se aglutinan en torno a las llamadas corcholatas y que desde ahora muestran que se darán con todo.

Así, 2023 será un año que viviremos en tensión política, porque es la antesala de la sucesión presidencial y los ciudadanos no podemos quedarnos como testigos. Por el futuro de la nación se vale dejar la barrera y meterse al ruedo.

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