Decadencia parlamentaria

Su primera toma de tribuna fue en 2008, las entonces inéditas ocurrencias se registraron en los noventa, cuando el entonces perredista Félix Salgado Macedonio habló de la necesidad del “mañanero”, para oponerse al Horario de Verano, hoy desaparecido.

El Poder Legislativo en el mundo tiene mil 208 años de historia, desde que en el año 1215 se convocó al primer Parlamento Inglés, formado por los barones que fungían como consejeros del rey Juan y que 80 años después, en 1295, incluyó a nobles, obispos y representantes de ciudades de la antigua Inglaterra.

En México, el Poder Legislativo es muy joven, porque surgió de la mano del país independiente y se conformó paulatinamente.

Los recintos legislativos en todo el mundo tienen historias repletas de momentos de tensión tan intensa que hasta muertos registraron, como en el México revolucionario, cuando los legisladores llevaban sus pistolas y dirimían las diferencias a balazos. Hemos visto escenas en parlamentos europeos, asiáticos, latinoamericanos de riñas verbales que derivan en golpes.

Desde finales de los ochenta, con la cada vez más creciente presencia de las fuerzas opositoras, el Congreso de la Unión en México ha registrado momentos álgidos, pero sólo en la Cámara de Diputados, que desde los noventa hasta la fecha ha protagonizado peleas, jaloneos, entrada de caballos, ofensas, bloqueos de puertas, rechiflas y constantes tomas de tribuna, que una vez obligaron a la Mesa Directiva a abrir la sesión desde uno de los balcones del pleno.

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El Senado mexicano estuvo ajeno a esas escenas. Su primera toma de tribuna fue en 2008, las entonces inéditas ocurrencias se registraron en los noventa, cuando el entonces perredista Félix Salgado Macedonio habló de la necesidad del “mañanero”, para oponerse al Horario de Verano, hoy desaparecido.

En 2014, la entonces senadora Layda Sansores, introdujo bocinas y mantas para dirigirse a la oposición y fue la primera en expresar una grosería contra sus adversarios políticos: “Vayan, privaticen los sueños; privaticen la ley; privaticen la justicia, pero si quieren realmente que haya una privatización a fondo, vayan y privaticen a la puta madre que los parió”.

Fue un tiempo en el que los presidentes del Senado ejercían una autoridad que incluía aplicar la disciplina interna y ordenar el retiro de esas expresiones del Diario de los Debates, luego de pedirle al legislador que las pronunció que expresara su voluntad de hacerlo.

El calor de la discusión política en los parlamentos genera escenas duras, en medio de discusiones de tipo técnico y jurídico, que durante años fue la tónica prevalente en el Senado, hasta que en 2018 llegó Morena como fuerza mayoritaria y frente a los argumentos surgieron las descalificaciones: lurios, sátrapas, cabrones, cínicos, hipócritas, narcos, rateros, puta y piruja son adjetivos que se escuchan cada vez con más frecuencia.

Y los panistas, polarizados con los morenistas, implementaron el uso constante de mantas, carteles y discursos que rebasan la dureza para incurrir también en la ofensa, como Lilly Téllez que ha llamado hienas a las senadoras de Morena, que le dijo a Napoléon Gómez Urrutia que esperara sus croquetas o que pidió le dieran una servilleta a José Narro, porque era desagradable verlo en la tribuna limpiándose la nariz con los dedos.

Esa polarización ahora ya incluye a Morena contra Movimiento Ciudadano; a Morena contra el PRI; a Morena contra el PRD.

No se trata de espantarnos por el debate acalorado. Pero hay un límite muy claro entre un debate intenso y un rosario de epítetos vulgares que nada tienen que ver con la creación de leyes y sí mucho con los resentimientos políticos.

La línea entre un “puta” y un golpe es muy delgada. Ya hace unas semanas Lucía Trasviña encaró en plena tribuna a Lilly Téllez, con manotazos que, por momentos, parecía que iba a golpear a la panista.

Hace un año advertí del aumento en esta dinámica que convierte al pleno del Senado en un patio anárquico de vecinos que pelean siempre y no en un Parlamento que debe ser sensato, plural y tolerante, porque representan al país.

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