Debates, lágrimas, risas y… sillas vacías
Los debates también nos han permitido comprobar que en nuestra clase política nacional los protagonistas tienen colas muy largas que se les pisen. Juntar todos los casos de corrupción de los que se han acusado en los debates en realidad provoca lágrimas, porque pareciera que esa vieja máxima de la cultura política del que “el que no tranza no avanza”, se mantiene incólume
A 30 años del primer debate presidencial que tuvo México, este 2024 se convierte en el primer año en el que se registra un número inédito de debates, organizados tanto por las autoridades electorales y universidades como por medios de comunicación, en los que hemos podido observar candidatos a presidencias municipales, a gubernaturas, por supuesto a la Presidencia de la República y, por fortuna, al Senado de la República y a la Cámara de Diputados.
Los debates realizados en Nuevo León han sido los más divertidos, principalmente para las presidencias municipales y el mejor fue el protagonizado por los aspirantes a gobernar Monterrey, organizado por el principal periódico de la entidad. Por momentos parecía una comedia de enredos del viejo cine de oro mexicano, por las frases, las actividades y las ocurrencias que surgieron en él.
Hay otros donde los ataques fueron muy densos, como los debates por la presidencia municipal de Guadalajara, donde la senadora con licencia, Verónica Delgadillo y el exsenador panista y hoy morenista, José María Martínez se dieron con todo; una, exhibiendo la llamada pensión que tiene el morenista y que desde hace años es su talón de Aquiles; él, al ligarla con el gobernador Enrique Alfaro y soslayar la capacidad de gobierno que pueda tener la joven senadora.
Otro que se puso rudo fue el que protagonizaron las y el aspirante a gobernar la alcaldía de Iztapalapa, en la Ciudad de México, donde la opositora Karen Quiroga le dio unos golpes bajos a la candidata oficialista, Aleida Alavez, al reprocharle que, en 21 años que tiene de cobrar como legisladora, no ha hecho nada por el distrito que ha representado; y Alavez le reprochó las filias políticas a su opositora.
Para el Senado hubo debates muy interesantes y vuelvo al caso de Nuevo León. Los aspirantes a ocupar un escaño dieron un buen nivel de intercambio de ideas.
Hay dos debates que no pudieron darse por falta de voluntad política del oficialismo, pero que hubieran sido muy interesantes. Me hubiera gustado escuchar a los aspirantes al Senado en la Ciudad de México, pero los oficialistas de Morena y las candidatas de Movimiento Ciudadano, declinaron.
El otro debate que hubiera sido interesante es el de los aspirantes al Senado por el estado de Sonora. La experiencia política de Manlio Fabio Beltrones, combinada con la estridencia y dureza de Lilly Téllez seguro hizo que los aspirantes morenistas prefirieron declinar la invitación.
Me parece lamentable que los aspirantes a un puesto de elección popular se nieguen a debatir y más si van a ir al Senado, donde se debate todo el tiempo. Buscar un escaño y negarse a debatir me parece hasta como antinatura, pero permite ver que esos candidatos que se negaron a confrontar ideas no tienen la madurez política ni el temple para ser tribunos en el Poder Legislativo.
- Así, las sillas vacías restan mucho más al perfil de quienes deciden hacerlo, que a quienes se quedan plantados.
Los debates también nos han permitido comprobar que en nuestra clase política nacional los protagonistas tienen colas muy largas que se les pise. Juntar todos los casos de corrupción de los que se han acusado en los debates en realidad provoca lágrimas, porque pareciera que esa vieja máxima de la cultura política del que “el que no tranza no avanza” se mantiene incólume.
Claro que la exhibida de actos de corrupción permite también observar que hay políticos que no incurren en esos delitos, aunque no necesariamente sean los más populares para obtener el voto de los ciudadanos.
Tener 30 años de la cultura del debate y sólo registrar la segunda ocasión en que esos debates incluyen también a los aspirantes al Poder Legislativo federal es muy poco tiempo para pretender una cultura política madura del contraste de propuestas; por eso la mayoría se queda en el intercambio de acusaciones.
Apostemos por mejorarlos, pero tampoco nos espantemos por los contrastes, que son necesarios para conocer talantes y decisiones de quienes buscan el poder.
