Bullying político

Hoy sabemos por ella que en la campaña presidencial, el PAN y el PRI le regatearon recursos y spots; que Marko Cortés le gritó por felicitar a Claudia Sheinbaum, al ganar las elecciones presidenciales; sabemos que el Presidente de la República ejerció violencia política en razón de género contra ella, pero que las instancias jurisdiccionales tardaron tanto en juzgarlo.

El 14 de febrero de 2023, la encuesta de un periódico de circulación nacional en torno a los posibles aspirantes al Gobierno de la Ciudad de México colocó a la senadora panista Xóchitl Gálvez con una preferencia del 30%, mientras que al morenista Omar García Harfuch con 25 por ciento.

La información causó revuelo en el interior del Senado, pero más entre los senadores panistas.

“¿A poco tú crees que esa encuesta es real? ¡Nooo!, la pagó Xóchitl. ¿Quién la conoce? Nadie”, me comentó uno de esos senadores del PAN a quien se le veía claramente molesto. No fue el único en un coro de críticas en voz baja en contra de su compañera Gálvez, a la que se sumaron senadoras.

No fue la primera vez que algunos senadores del PAN mostraban un comportamiento crítico, agresivo hacia su compañera. Sólo unas semanas antes, otro senador había solicitado la expulsión de Xóchitl Gálvez del Grupo Parlamentario del PAN, porque la víspera se había organizado una cena con el dirigente nacional, Marko Cortés, que se filtró a la prensa; filtración que algunos senadores panistas le atribuyeron a Gálvez.

La propia Xóchitl valoraba salirse de la bancada del PAN y sumarse a la del PRD, porque el bullying interno en su contra era evidente, como cuando solicitó en tres ocasiones ser parte de la Comisión Permanente y se lo negaron, ante lo cual optó por acudir los días de sesión de la Permanente y dar conferencias de prensa, algunas veces junto con su compañero Damián Zepeda.

Mantas gigantes desplegadas en el pleno, carteles en hojas, cartulinas y pizarras, botargas de dinosaurio y cadenas en el escaño de la presidencia de la Mesa Directiva del Senado en la vieja casona de Xicoténcatl para presionar por el nombramiento de los comisionados del Inai, entre decenas más, fueron estrategias en solitario que realizó Xóchitl Gálvez.

Hoy sabemos por ella que en la campaña presidencial, el PAN y el PRI le regatearon recursos y spots; que Marko Cortés le gritó por felicitar a Claudia Sheinbaum, al ganar las elecciones presidenciales; sabemos que el Presidente de la República ejerció violencia política en razón de género contra ella, pero que las instancias jurisdiccionales tardaron tanto en juzgarlo.

En los debates, por ejemplo, vimos cómo Jorge Álvarez Máynez hizo una distinción entre sus dos adversarias políticas: a Xóchitl la llamaba “candidata del PRIAN” y a Claudia Sheinbaum le decía “doctora”.

Pero, además, los resultados del 2 de junio muestran que cientos, miles de militantes del PAN y PRI jamás la aceptaron. En Guanajuato, por ejemplo, el PAN refrendó la gubernatura del estado, pero Xóchitl obtuvo baja votación. En Coahuila, los priistas dominaron en la política estatal, pero a nivel federal dejaron que los superara Morena.

Fue el entusiasmo de un millón de personas lo que llevó a Xóchitl Gálvez a ser la candidata presidencial. El panismo se había decantado por Santiago Creel, pero la llamada Marea Rosa cambió los planes y le facilitó hacer a un lado a Gálvez de la carrera interna por la Ciudad de México.

Sostengo que cuando una mujer se mete a la vida política, dominada durante siglos por hombres, debe tener la piel dura y actuar en consecuencia de las reglas que existen. No soy partidaria del victimismo por el hecho de ser mujeres, pero soy crítica de la forma en que diversos actores políticos, ya sea hombres o mujeres, ejercen violencia soterrada o abierta en contra de una mujer, cuyas formas de actuar pueden ser polémicas, pero no inútiles.

La campaña presidencial de 2024, de la que emanó la primera Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, debería llamarnos a todos a reflexionar sobre la violencia que se ejerce en contra de quienes no piensan como nosotros, y la incapacidad para entender la nueva vida política, que nunca más será exclusiva de los hombres.

El bullying político que se ejerció en contra de Xóchitl Gálvez, desde los ámbitos en los cuales debió tener el respaldo absoluto, sólo tira a los débiles, pero exhibe a quienes lo ejercen y a quienes lo toleran.

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