Lo que revela la tontería de alargar las vacaciones

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

De algo sirvió el anuncio de que se adelantaban y alargaban las vacaciones de verano por el calor y el Mundial de Futbol y su posterior revocación: para recordarnos el desastre educativo de la 4T.

La educación nunca ha sido una prioridad de los gobiernos morenistas. Lo que les ha importado, desde que llegaron al poder en 2018, fue llevar la fiesta en paz con los sindicatos magisteriales (SNTE y CNTE). El concepto de “calidad educativa” lo consideraron como tecnocrático y neoliberal. Echaron para atrás la reforma de Peña y, en su lugar, instituyeron un sistema que desterró la evaluación de los resultados y el mérito como método para premiar a los mejores maestros.

Es una buena noticia que el gobierno haya reculado en su “genial” ocurrencia de darle tres meses de vacaciones de verano a los estudiantes mexicanos. Existe una abundante literatura en la academia que ha comprobado empíricamente que el tiempo que pasan los alumnos en la escuela sí tiene un efecto sobre su rendimiento escolar.

Más días ayudan, pero, obviamente, sólo si el tiempo se usa bien.

Los efectos son mayores en los estudiantes pobres y alumnos con rezago. Los cierres escolares tienden a aumentar desigualdad. Es un sinsentido alargar las vacaciones para un gobierno que dice tener como prioridad a los más pobres.

En 2022, después de la pandemia de covid-19, Joana Elisa Maldonado y Kristof De Witte publicaron el ensayo “El efecto del cierre de escuelas en los resultados de las pruebas estandarizadas de los estudiantes” (originalmente en inglés) en el British Educational Research Journal. Los autores analizaron alumnos en el último año de primaria en la región flamenca de Bélgica. Gracias a la pandemia, pudieron comparar grupos de estudiantes que fueron sujetos a cierres escolares por el covid-19 en 2020 con los que no lo sufrieron en años previos.

La interrupción por el covid fue de alrededor de nueve semanas en Bélgica. Sin escuela presencial, la pérdida de aprendizaje fue equivalente a 20% del año escolar.

Otro de los hallazgos es que las pérdidas fueron desiguales, es decir, los alumnos vulnerables resultaron más afectados, tanto en matemáticas como en lengua.

Esto ocurrió en un país rico como Bélgica, que tiene buena infraestructura, alto nivel educativo y buena conectividad digital. El ensayo sugiere que, si ahí hubo pérdidas grandes, el daño pudo haber sido mayor en países más desiguales.

No ir a la escuela hace que el aprendizaje sea más lento y se pierdan conocimientos ya adquiridos.

En este ensayo estamos hablando de un cierre escolar producto de una crisis de salud pública. Pero el efecto de la pérdida de conocimiento por las vacaciones también está muy estudiado.

El fenómeno se conoce como “Pérdida de aprendizaje durante el verano”.

Karl L. Alexander, Doris R. Entwisle y Linda Steffel Olson publicaron en 2007 el libro Consecuencias duraderas de la brecha de aprendizaje durante el verano (originalmente en inglés). Se trata de un estudio longitudinal que siguió estudiantes desde primaria hasta la adultez durante varias décadas en Baltimore. Lo que encontraron es que mucha de la desigualdad educativa entre estudiantes ricos y pobres no se genera durante el ciclo escolar, sino en las vacaciones.

Las escuelas sí igualan relativamente las oportunidades. Sin embargo, durante las vacaciones, las familias con más recursos continúan acumulando capital educativo mientras que las vulnerables tienden a perder terreno. Las brechas crecen mucho más rápido especialmente en lectura, vocabulario y conocimientos generales.

Los estudiantes con mayores ingresos tienen acceso a libros, campamentos, viajes, tutorías, lecturas frecuentes y todo tipo de actividades enriquecedoras, mientras que los estudiantes más vulnerables carecen de materiales, estimulación, experiencias culturales, apoyo académico y tiempo estructurado.

Las pequeñas ventajas acumuladas cada verano terminan convirtiéndose en enormes diferencias años después, demuestran los autores.

Este estudio tuvo consecuencias importantes en la política educativa en Estados Unidos. Los gobiernos locales lanzaron escuelas de verano, tutorías focalizadas y programas de lectura durante las vacaciones, amén que extendieron el calendario escolar.

Exactamente lo contrario que quería hacer el gobierno mexicano.

Pero, claro, la 4T no cree en este tipo de estudios tecnocráticos. No, lo de ellos es la política: evitar que los maestros se movilicen y echen a perder el Mundial de Futbol, aunque los estudiantes se vuelvan más burros, sobre todo los más pobres.

X: @leozuckermann