¿Quién tendrá el control de la campaña, Meade o Peña?
Aurelio Nuño ya fue nombrado como coordinador de la campaña de Meade; puede resultar una estupenda opción como “bisagra” entre el gobierno y la campaña. Coordinar los esfuerzos de ambos lados.

Leo Zuckermann
Juegos de poder
De acuerdo con la mercadotecnia electoral, el candidato es el activo más importante de una campaña. Es el que tiene que salir a ganarse los votos con base en una estrategia previamente diseñada. Fundamental en este esfuerzo es el coordinador de la campaña. Debe ser una persona que tenga toda la confianza del candidato. Y cuando digo toda, es toda porque, de lo contrario, lo que acaba ocurriendo es que hay un coordinador en el papel, de mentiritas, y otro de verdad, el que efectivamente goza de las confianzas del candidato. Cuando comienzan este tipo de divisiones, las tensiones dentro del equipo se incrementan, lo cual suele tener un desenlace electoral adverso.
No es gratuito que el argot electoral haya tomado prestados conceptos militares. Una campaña por conquistar el poder se parece a una guerra para conquistar un territorio. Existen muchas similitudes. El candidato, en este sentido, es el comandante supremo que debe entrar en acción cotidiana de acuerdo con los dictados que se diseñan en el cuarto de contienda. Un war room que debe estar unido y disciplinado en torno a un coordinador que es el alter ego del candidato.
Tomemos el caso de la exitosa campaña presidencial de Peña (ganó por un margen razonable de votos las elecciones de 2012). El candidato se dedicaba a lo que mejor sabía hacer: salir a ganarse los votos. Atrás, sin embargo, había un equipo compacto, eficaz y unido coordinado por el hombre de todas las confianzas del exgobernador mexiquense: Luis Videgaray. El candidato contaba, además, con el apoyo de múltiples grupos dentro del PRI, incluyendo, de manera importante, varios gobernadores que Peña había ayudado a llegar al poder.
Vayamos, ahora, al caso de José Antonio Meade. Sabemos que se trata de un candidato externo del partido. En este sentido, no tiene un grupo político dentro del PRI que lo apoye. Tendrá que ganárselos. Cuenta, sin embargo, con el apoyo del Presidente y del que sigue siendo su hombre fuerte, Luis Videgaray.
Detrás de Meade hay, además, un conjunto de tecnócratas muy eficaces que vienen de sus épocas de estudiante en el ITAM y que han crecido con él en la administración pública. Son los amigos cercanos de Pepe. En primerísimo lugar, José Antonio González Anaya, hoy secretario de Hacienda; Mikel Arriola, quien será el candidato a la gubernatura de la Ciudad de México por el PRI; Abraham Zamora, Jaime González Aguadé, Miguel Messmacher, Osvaldo Santín, Virgilio Andrade y Moisés Orozco. Agréguese la subsecretaria de Hacienda, quien podría ser la próxima secretaria de Desarrollo Social, Vanessa Rubio, y el nuevo gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz de León.
Ése, digamos, es el círculo más cercano a Meade. De la órbita de Videgaray, le estarían heredando dos políticos jóvenes, pero ya con experiencia de primer nivel: Enrique Ochoa, quien al parecer se quedará como dirigente nacional del PRI, y Aurelio Nuño, quien ya fue nombrado como coordinador de la campaña de Meade.
Nuño, sabemos, le debe toda su carrera política al Presidente y al hoy canciller Videgaray. Su lealtad con ambos es inquebrantable. Surge, entonces, una interrogante interesante. ¿A quién le hará caso Nuño como coordinador de la campaña priista? ¿Al candidato Meade? ¿A Peña? ¿A Videgaray? ¿De dónde recibirá instrucciones?
Nuño puede resultar una estupenda opción como “bisagra” entre el gobierno y la campaña. Coordinar los esfuerzos de ambos lados. Esto, en teoría, suena bien. Pero, cuando comiencen las presiones, inevitables en una contienda, y haya diferencias entre lo que piensa la gente de Meade y la de Peña, ¿qué va a hacer el coordinador?
El problema potencial es que Meade y su círculo más cercano le vayan perdiendo confianza a Nuño, y ocurra, como mencionaba arriba, que aparezca un coordinador de verdad y otro formal, de mentiritas, cada vez más fuera de la jugada. Por lo pronto, al haber nombrado a Nuño como coordinador de la campaña, el mensaje parece claro: el esfuerzo electoral se operará fundamentalmente en Los Pinos, a cargo del presidente Peña, y no en Insurgentes Norte, en la oficina de Meade. A ver si funciona este modelo o, de lo contrario, cuánto dura.
Twitter: @leozuckermann