¿Repartir dinero gratis a la gente?
Nadie habla de los otros cambios que se necesitan para promover un mayor crecimiento económico.
Después de la gran crisis recesiva de 2008-2009, a fin de evitar una depresión económica, la Reserva Federal de Estados Unidos bajó las tasas de interés a cero. Además, emitió una cantidad nunca vista de dinero. Aparecieron billones de dólares gratis para apuntalar la economía. Esta política monetaria híper relajada funcionó. El problema es que, al parecer, las economías se volvieron adictas al dinero gratis.
Un par de libros recientemente publicados hablan sobre este problema. El primero es de Mohamed El-Erian titulado The Only Game in Town: Central Banks, Instability and Avoiding the Next Collapse. El autor fue asesor del presidente Obama en temas de desarrollo global. Actualmente es el economista en jefe de la empresa financiera Allianz.
He leído la reseña de este libro en la prestigiosa revista The Economist y una entrevista que le hicieron al autor en Bloomberg. El-Erian se suma a las voces preocupadas por el largo periodo de una política monetaria tan relajada y se pregunta si los bancos centrales no habrán distorsionado de manera permanente la economía mundial. Si bien el autor reconoce que la actuación de los bancos centrales, en particular la Reserva Federal estadunidense, sirvió para evitar una depresión que hubiera causado un gran sufrimiento humano, esta política fracasó para generar lo que realmente necesitaba la economía mundial: “La combinación de un crecimiento alto, duradero e incluyente, junto con una verdadera estabilidad financiera”.
Estos días, en medio de la turbulencia en los mercados financieros, he escuchado que la Reserva Federal en Estados Unidos debe parar el alza en la tasa de interés de referencia que comenzó tímidamente el año pasado e, incluso, si la economía de Estados Unidos mostrara signos de debilidad, volver a bajarla a cero (actualmente está en 0.25%). Hay quienes afirman que, si es necesario, incluso tendrían que emitir de nuevo cantidades enormes de dinero, tal y como está haciendo el Banco Central Europeo para tratar de sacar a la economía de ese continente del marasmo en el que se encuentra.
Nadie habla, en cambio, de los otros cambios que se necesitan para promover un mayor crecimiento económico. “La modernización del sistema de educación, el fortalecimiento de la infraestructura, la mejora y flexibilidad de la competitividad laboral, además de simultáneamente cerrar lagunas fiscales y aumentar las tasas marginales de impuestos a los ricos para reducir la desigualdad”. Éstas son las propuestas de El-Erian. Suenan bien. El problema es que estos cambios son difíciles de procesar en los sistemas políticos y, algunos de ellos, como el de la educación, tardarían muchos años en dar resultados.
Sobre el mismo tema he leído otra reseña de John Cassidy en la revista The New Yorker. Es sobre el libro del académico británico Adair Turner titulado Between Debt and the Devil: Money, Credit, and Fixing Global Finance (entiendo que esta obra está por salir en español bajo el sello del FCE):
“Turner argumenta que los países que enfrentan la difícil situación de deudas onerosas, bajas tasas de interés y un crecimiento lento deben considerar una opción radical, pero seductoramente simple: crear más dinero y entregarlo a la gente. ‘Un gobierno podría, por ejemplo, dar mil dólares a todos los ciudadanos mediante transferencia electrónica a sus cuentas de depósito del banco comercial’, escribe Turner. La gente podría gastar el dinero a su antojo: en alimentos, ropa, artículos para el hogar, vacaciones, atracones o cualquier cosa que quieran. La demanda en la economía tendría un impulso, apunta Turner, ‘y la extensión de ese estímulo sería ampliamente proporcional al valor del nuevo dinero creado’.”
No sería el gobierno quien haría estas transferencias sino los bancos centrales, tal y como hacen hoy en día en que emiten dinero y lo transfieren a los bancos. La diferencia es que ahora se lo darían directamente a la gente, lo cual elevaría la demanda agregada y, por tanto, el crecimiento económico. Se trata, efectivamente, de una propuesta provocadora y radical.
Lo que es un hecho es que la economía mundial tiene un gran problema: a falta de políticos que no pueden procesar soluciones de fondo para generar un mayor crecimiento, lo que queda es continuar con una política monetaria híper relajada. Hemos creado, así, una creciente adicción al dinero gratis, al punto que hay respetables académicos que están proponiendo que los bancos centrales se lo repartan directamente a la gente.
Twitter: @leozuckermann
