El chapulineo y el empobrecimiento de la política
Chapulineo es el término que utilizamos en México para referirnos a un político que cambia de partido, generalmente, en búsqueda de una candidatura o cargo en el gobierno de forma inmediata. Y aclaro que no es que no sea válido dejar de militar en un partido por ...
Chapulineo es el término que utilizamos en México para referirnos a un político que cambia de partido, generalmente, en búsqueda de una candidatura o cargo en el gobierno de forma inmediata. Y aclaro que no es que no sea válido dejar de militar en un partido por legítimas razones, digamos, porque ya no hay coincidencias ideológicas, programáticas o políticas con la organización a la que se pertenece. De hecho, cuando ése es el caso, lo congruente es deslindarse, y en la historia hay valiosos ejemplos de ello, como cuando en los ochenta Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Cuauhtémoc Cárdenas renunciaron al PRI para fundar un nuevo partido, el PRD. O como cuando Juan José Rodríguez Prats igualmente renunció al PRI para incorporarse a las filas del PAN.
El chapulineo es distinto, porque no es consecuencia de una reflexión ideológica, de una contradicción con las convicciones que uno sostiene, sino que es hijo del pragmatismo. Y esto viene al caso porque desde el repunte de Morena, poco antes del 2018, durante las elecciones que sucedieron entre 2019 y 2023, y ahora, de cara a la elección de 2024, hemos visto una serie de personajes de la política pasar de ser críticos, a militantes de la autollamada Cuarta Transformación. Recientemente, el diputado Rommel Pacheco (expanista), el senador Jorge Carlos Ramírez Marín (expriista) y el otrora candidato independiente que tanta esperanza generó en Jalisco, Pedro Kumamoto, quien apenas declaró: “La alianza con Morena tiene un costo político, pero estoy dispuesto a pagarlo”, se suman a la lista de políticos que se han sumado a Morena y sus aliados.
Más allá del juicio que a nivel personal se haga de quien cambia radical y súbitamente de colores, lo importante es reflexionar sobre por qué, como dice Kumamoto, las y los políticos chapulines están dispuestos a pagar el costo político, mediático y en redes, seguramente temporal, que su decisión conlleva y más importante aún, sobre el impacto en el electorado.
El quid es que la política en México es cada vez menos ideológica y cada vez más pragmática. Así como la justificación de partidos con principios e historias distintas para aliarse electoralmente es la supervivencia política, a nivel individual un cambio de partido también encuentra su justificación en la misma supervivencia política.
Las alianzas electorales diluyen la identidad de los partidos que la componen, y no sólo pienso en el Frente por México que, después de varias elecciones que han enfrentado juntos, han encontrado una agenda común trascendente en la defensa de la democracia y el Estado de derecho, entre otros, sino también en el Partido del Trabajo, que ha tenido que ir de la mano no sólo con su hermano grande, Morena, sino con el Partido Verde, que representa cosas radicalmente distintas.
¿Qué significa esto para los electores? ¿Qué impacto tiene el que un legislador que ganó por una mayoría de ciudadanos que votaron no sólo por él, sino por una agenda, de un día para otro se lleve sus votos al partido de enfrente? ¿Cómo afecta el que un político que ha militado muchos años en un partido cambie —insisto, de un día para otro y sin motivación trascendente— a otro?
El chapulineo sólo abona al descrédito de la política, a profundizar la idea de que los políticos priorizan su ambición personal sobre el representar a las y los ciudadanos, a la incertidumbre sobre el destino de la confianza que depositan cruzando un nombre en una boleta electoral y al empobrecimiento del debate público, simplificándolo en la idea de estás con nosotros o con ellos —como será en 2024—, en lugar de profundizar en lo que un candidato y otro piensan, representan y proponen para solucionar los problemas del país.
*Politóloga e internacionalista.
Expresidenta de la Cámara de Diputados
