Una despedida: como si fuera ayer
Me he sentido muy afortunada por este espacio para compartirme sin ningún tipo de censura
Por uno de esos golpes de la suerte tuve la oportunidad de escribir una columna en Excélsior. Mi hijo mayor ya tiene 21 años: era un niño de ocho en ese momento.
La conversación de sobremesa aquella tarde giraba en torno al nombre que encabezaría mi texto semanal... y así, entre el ping y el pong de ideas, ese maravilloso y pequeño ser dijo: “Mamá, ponle El arte tras el verbo”. Y desde entonces así fue.
Me he sentido muy afortunada por este espacio para compartirme sin ningún tipo de censura. Alguna vez alguien me preguntó que si aquello era una especie de diario público, a lo que respondí que, de alguna manera, sí lo era, Lo mismo daba hablar sobre un momento difícil personal que hacer una pequeña reseña sobre un libro o incluso tratar de filosofar poéticamente sobre la vida cotidiana.
Escribí sobre sueños —algunos cumplidos—, escribí con miedo, pasión, con ilusión, con coraje y con locura. Escribí alumbrada por esos rayos de luz que se colaban por las grietas de mi alma; con el corazón pendiendo de un hilo, hablé sobre la situación de mi país, sobre arte y artistas, escribí desde el avión y desde el fango emocional; desde mi ser, mujer, mexicana, madre, amiga, hija, pareja. Escribí siempre desde mi ser más esencial.
Compartí mi búsqueda espiritual, mis crisis existenciales, mis éxitos, mis pasiones y mis fracasos. Describí a esas mujeres con sus hijos pequeños a la orilla del mar. Escribí también desde un bosque lleno de colibríes verdes y tréboles de cuatro hojas; escribí con prisa, pero también lo hice con paciencia.
Hoy ha llegado el día, como llegan siempre aquellos días, en que este ciclo se termina. Me voy llena de recuerdos y satisfacciones, de lectores convertidos en amigas y amigos nuevos, incluyendo a tan pacientes y adorables editores que en más de una ocasión me llamaron para recordarme que era la última hora para enviar mi escrito.
Esta vez escribo para despedirme dando las gracias desde lo más profundo de mi ser. Muchas gracias, sobre todo, a mis dos maravillosos hijos por acompañarme a lo largo de esta etapa. Gracias también por este espacio periodístico donde he tenido la maravillosa oportunidad de tener una ventana abierta de ida y vuelta para poder escribir acerca de la vida, y eso, junto con estas letras, es lo que ha ido transcurriendo.
