Está de moda

Ser vegano, comer orgánico, hacer yoga, ver series de televisión, criticar al gobierno...

La moda está de moda desde siempre. Si lo pienso bien, puedo remontarme a la época de las cavernas, donde estaba súper inn cubrirse del frío con la piel de un animal cazado por ellos mismos. Hoy esas pieles, que hace algunos años llegaron a ser un símbolo de cierto estatus, para muchos activistas (proanimales) es tan sólo un espejo de absoluta inconsciencia.

La moda es cíclica, y se da tanto en el guardarropa como en todos los otros ámbitos de nuestra vida.

Hoy, ser vegano, comer orgánico, hacer yoga, meditar, ver series de televisión, criticar al gobierno, mandar memes para ridiculizarlo, fotografiar lo que comemos, presumir nuestros bienes materiales, tener el mayor número de likes en nuestra foto, formar parte de un testimonial que terminará siendo parte de una nube...

Más que ser, está de moda tener y pretender; juzgar y buscar la aceptación del otro, los niveles de burla que alcanza hoy el dizque “arte conceptual” (comercial), la música que escuchan nuestros hijos, que en el mejor de los casos es un ruido altisonante, cuando no es antivalores. Está de moda el término codependencia, medicar a los niños contra el déficit de atención, tomar ansiolíticos o antidepresivos, lo que sea con tal de pertenecer.

En resumen: hoy lo que está de moda es estar de moda. Steve Jobs inventó una herramienta, misma que no permitía utilizaran sus hijos, y cambió drásticamente nuestra manera de vivir. No es casualidad que las redes sociales lleven intrínseca la palabra red (herramienta utilizada para pescar) y que estemos tan atrapados en ellas. Ayer, mi hijo me enseñó algunas personas que, obviamente a escondidas, seguían él y sus amigos: los hombres y mujeres que hoy están de moda son personajes que, en su mayoría, pareciera aparecen y se reproducen por generación espontánea, famosos intrascendentes que esparcen atributos absurdos y superficiales,  se vuelven millonarios y son admirados y considerados un modelo a seguir.

En otros tiempos para ser un influencer había que hacer huelgas eternas de hambre para independizar a un país de manera pacífica, había que dedicarse a escribir desde su habitación propia, fundar organizaciones de misioneras para ayudar en Calcuta, descubrir teorías como la de la relatividad o inventar una herramienta para la comunicación como el teléfono. ¿Dónde están hoy los grandes modelos a seguir? ¿Dónde están los maestros, guías, hombres y mujeres sabios, personajes dignos de acaparar nuestra atención y, sobre todo, la de estas nuevas generaciones? Se habla todo el tiempo del despertar de la conciencia. ¿De verdad se estará poniendo de moda o es tan sólo otro paliativo para combatir la ansiedad que nos provoca vivir en el remolino sin contenido de la inmediatez?

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