De vuelta a lo esencial

Los años han cambiado mi visión del mundo. He estado tan ocupada con vivir, que para hojear el manual de la vida no he tenido tiempo. Soy impaciente, camino siempre entre preguntas, es por eso que, en ocasiones, llego a toparme con algo parecido a una respuesta. Vivo ...

Los años han cambiado mi visión del mundo. He estado tan ocupada con vivir, que para hojear el manual de la vida no he tenido tiempo. Soy impaciente, camino siempre entre preguntas, es por eso que, en ocasiones, llego a toparme con algo parecido a una respuesta. Vivo empezando, renaciendo, reinventando a esta mujer-niña que anhela llegar a conocer cuál es la dosis suficiente de deseo, para mezclarla efectivamente con su gran curiosidad. Hoy estoy aquí, pero me dirijo hacia otro lado. ¿Qué más da dónde me encuentro? Me gusta el placer efímero del pensar. El problema es que muchos de aquellos pensamientos terminan en el fondo del cajón donde se guardan, junto con esos instantes que van muriendo y esas conversaciones no empezadas, una voluminosa colección de cosas olvidadas. Existe lo que, por su naturaleza, sólo puede ser nombrado en la ausencia total del pensamiento.

Los que dicen que saben, cuentan que existe un lenguaje común con todo lo que vive... quizá con las letras de aquel abecedario... quizá sin las vocales ni las consonantes podría pronunciar el nombre que abarca la totalidad. En fin, que me encuentro atrapada nuevamente en las definiciones. He recurrido a filósofos, a la sicología, a narradores y a poetas. Y, al final, llego a la misma conclusión: eso que busco está en el fondo de mi corazón y la llave para entrar la tiene el otro, todos los otros con los que a diario me cruzo en el camino. Para empezar a saber quiénes somos hay que mirar con atención en el fondo de esos espejos caminantes. Cada uno trae guardada una de las piezas del rompecabezas.

¿Qué es lo que realmente importa, somos tan sólo un conjunto de átomos amontonados que llegamos desnudos a este mundo para aprendernos los nombres de las marcas de zapatos o es hacia esa parte esencial de cada uno a donde debemos regresar?

Hoy por fin comprendo que no hay mucho que entender. Asumo que éste es mi tiempo y mi sitio, el amor.

Me levanto y camino sobre ese piso de madera que rechina y que me dice... sigueeeeee, andaaaaaa, invitándome a perderme por esos oscuros laberintos de la otredad. Ella prefiere cerrar los ojos e imaginarse tumbada sobre la arena, el mar le moja las piernas y, a través de cada uno de los agujeros negros del sombrero de paja (que para cubrirse del Sol se ha colocado sobre la cara), se asoma entero el universo. Moléculas perfectamente dispuestas atraviesan para que ella las observe.... eso también es la vida.

Temas: