De amor, de religión, de futbol o de política
Le teníamos miedo al cambio, pero este país ya no podía soportar la inercia que llevaba. Le tenemos pánico a lo nuevo y a lo diferente
Tengo tantas cosas de que hablar, que no sé por dónde ir empezando.
Por la mañana tuve una maravillosa conversación con José, mi amigo, sobre la diferencia de pedir amor, con la de exigir respeto. Fue tan esclarecedora que lo que lleva del día le he ido dando vueltas a esta sabiduría matutina, pero mi organismo aún no lo tiene completamente digerido, así es que voy a dejar que reposen las ideas por un rato.
Sobre nuestro virtual Presidente electo se ha dicho ya tanto, que lo único que puedo agregar es que, aunque yo no voté por él, y de hecho le recé a la Virgencita para que no ganara, hoy siento paz. Es una sensación extraña. Por un lado, me alegra el proceso democrático y, por el otro, percibo en el aire un sentir casi de responsabilidad individual. Ahora nos queda hacer a cada uno lo que nos corresponde. Comentarios como estos circulan por las redes, invitándonos a una especie de trabajo en equipo por México.
Algunos temíamos a este resultado electoral y a que México no ganara el partido contra Brasil en el Mundial de Rusia. Hoy ha pasado y pareciera que muchos lo hemos asumido de manera madura. Lo que me hace pensar que así es justamente como debe enfrentarse a la vida en general: le tememos a tantas cosas: a la soledad, a la injusticia, al rechazo, a la no aceptación, al amor y al desamor, a la muerte y a vivir, al éxito, al fracaso, al qué dirán, al ser ignorados, a la oscuridad, a soltar, al compromiso, a aburrirnos y a lo desconocido.
Muchas veces reaccionamos con más resistencia a nuestros sueños que a esas horribles pesadillas, tenemos miedo, mucho miedo: miedo a las arañas, a las multitudes, a los exámenes, a envejecer, a las alturas, al fantasma de Hugo Chávez, a la ignorancia, a la incompetencia y al mal gobierno. Le tenemos miedo al miedo.
Y casi siempre es cuando suceden, cuando empieza a difuminarse aquel temor. Le teníamos miedo al cambio, pero este país ya no podía soportar la inercia que llevaba. Le tenemos pánico a lo nuevo y a lo diferente, por eso tantas veces nos quedamos atados a situaciones que no nos gustan.
La minoría de los ciudadanos mexicanos ha permanecido durante años en una zona de confort, pero la gran mayoría hoy avanza sin miedo, pues tiene poco o casi nada que perder.
Hoy estoy ahí en muchos aspectos de la vida. A estas alturas he perdido tiempo, y muchas otras cosas, pero gracias a eso he ido soltando esas ganas irracionales de controlar lo que sucede a mi alrededor. Hoy mi partido es el de México unido.
Mi política es la de la armonía, mi filosofía se basa en una libertad responsable y mi bandera es el amor. Así es como, poco a poco, me voy quitando el miedo. Me quedo con ganas de ahondar en el tema de la autoestima y los límites, de compartirte alguno de esos tesoros que hoy mi querido Pepe me ha regalado; prometo hacerlo pronto. Bienvenido el cambio, con la esperanza de que se dé dentro de un marco de amor para un pueblo que ya exige respeto.
