Con los ojos en modo belleza
Salí a caminar y al dar vuelta a la esquina me encontré una obra de arte hermosísima que abarcaba varios metros de banqueta. Me detuve a tomar fotos, uno más de mis tantos vicios, intentando captar la maravilla de patrones y formas, que como por arte de magia iban ...
Salí a caminar y al dar vuelta a la esquina me encontré una obra de arte hermosísima que abarcaba varios metros de banqueta. Me detuve a tomar fotos, uno más de mis tantos vicios, intentando captar la maravilla de patrones y formas, que como por arte de magia iban cambiando frente a mis ojos. Yo estaba tan concentrada que me tardé en escuchar al hombre que sostenía el trapeador, mismo que me preguntaba si se me había perdido algo. -No nada, gracias. Respondí, aunque recapitulando me doy cuenta, debí haberle contestado todo lo contrario. Mi respuesta pudo haber sido; -¡Si!, me había perdido de contemplar estas figuras que hacen al combinarse el movimiento, el agua y el jabón, pero eso no fue lo que dije. No tiene importancia , pero me habría gustado compartirle esa nueva sensibilidad, pues si éste era su trabajo cotidiano, quizá esté tan acostumbrado a la belleza, que trapear cada mañana la banqueta le resulte tedioso y aburrido. Éste es sólo un ejemplo de miles de otros que existen por ahí. Si sales a la calle con ese botón que conecta el cerebro con los ojos en modo belleza, no sólo la encuentras, sino que parece puedes volverte parte de ella. A las 9 de la mañana muchas personas están haciendo fantásticas pinturas efímeras frente a sus negocios, he pasado muchas veces por ahí y por tener la mente en otra cosa, por el tonto hábito de tener prisa, por venir imaginando cómo sería la vida si no fuera exactamente así, perfecta, no lo habría notado nunca. Últimamente es algo que me sucede, no sé si se deba a una rutina de meditación en la que he sido muy constante, que de alguna forma me permite habitar más tiempo en el instante, o que simplemente se deba a que con los años nos volvemos más sensibles a apreciar este milagro, de alguna manera empezamos a desacostumbrarnos y regresamos a ver, así, con ese asombro de cuando niños, pero con un entendimiento y valoración de las cosas importantes. El conmovernos, realmente movernos por dentro ante lo bello es un regalo llamado estética. Hoy me siento afortunada porque no sólo no he perdido esa capacidad de sorprenderme, sino la siento crecer en mí, y al hacerlo mi alma se expande. El universo es una gran obra de arte y sin embargo hoy el mundo está lleno de coleccionistas y artistas que van por la vida sin detenerse ante lo esencial, podemos ver con ojos nuevos cada día lo que nos rodea, y de esta manera vivir agradeciendo tantísima belleza que puede esconderse hasta en el arte del trapear.
