Pasatiempo trascendental

¿Será negando algunas cosas como nos encontraremos?

“Y sin embargo en un plano más profundo, me parecía comprender que la experiencia en la que acababa de embarcarme tendría el carácter definitivo de una lección bien aprendida”.

Haciendo mi recorrido matutino en bicicleta, de repente, de manera espontánea como sucede lo significativo, retumbó una enunciado en mi cabeza: “Para ser lo que somos, hay que dejar de ser lo que no somos”. Es lamentable no ser capaz de decir de quién es esta frase que justamente encontré ayer en una hoja suelta que arranqué y guardé en uno de mis cajones. Por esa razón no me es posible rastrear de dónde proviene dicho entendimiento  ni conocer más acerca de esos procesos mentales que lo o la condujeron a tan hermosa conclusión. Cuánta belleza se halla cuando alguno consigue expresar esa combinación de lo sabio con lo simple. Como Sócrates, que llegó a esta solución: “Yo sólo sé que no sé nada” o “Un mundo nace cuando dos se besan” de Octavio Paz y “¿Qué sabe el pez del agua donde nada toda su vida?”, de Einstein. El filósofo, el poeta y el científico buscan dejar un legado de lo que no son en sus ideas plasmadas. He estacionado mi vehículo no motorizado frente al café Joselo, uno de los únicos sitios por el rumbo que tiene el aroma del buen café y unas sillas viejas y sin pretensiones que suelen acoplarse mejor al cuerpo. Me acomodo en la mesa de la esquina, pido un capuchino y una pluma, pues dónde apuntar nunca es problema (de hecho, creo que esa es la función más importante de las servilletas). Anoto: ¿Será negando algunas cosas como nos encontraremos? ¿Será tan importante saber quiénes somos? ¿O tal vez podamos reconocernos en lo que hacemos? ¿Podrá el espejo reflejar claramente lo que pensamos? ¿Sabrá decir nuestra voz lo que en realidad sentimos? Cuando se toca un tema propio, más que una confesión se convierte en un pasatiempo trascendental.

¿Cómo ser lo que somos  para, de esa manera, alcanzar ese estado de plenitud que sólo encuentra el que conoce su verdadera esencia? Muchas respuestas pudieran seguirle a este cuestionamiento; miles de hojas debe haber escritas sobre el tema, pues todos en el fondo buscamos una cosa: encontrarnos frente a frente con nosotros mismos. Mas en ese papel arrugado del que te hablaba anteriormente encontré un planteamiento diferente. No es tan sencillo saber a ciencia cierta quiénes somos, pero podemos por descarte ir quitándonos algunas capas, de la misma manera como lo haríamos al pelar una cebolla. Así podremos acercarnos más a ese ser auténtico que se esconde debajo de las prohibiciones, inhibiciones, expectativas ajenas, obligaciones y ganas de pertenecer. En las líneas que me quedan transitaré libremente buscando definirme no desde el ser… sino desde su contrario.

No soy:

No soy un nombre ni su historia.

No soy el personaje de mis sueños ni tampoco mi poema.

No soy la sensación del chocolate al derretirse en mi boca ni el beso.

No soy la rama de un árbol genealógico. No el humo que entra a mis pulmones, el recuerdo de mi madre, mi sombra muda en la pared ni esas vueltas que le he venido dando a la primavera.

No soy la huella en mi pasaporte ni estos pantalones de mezclilla que siempre traigo puestos.

No soy un número en la lista y mucho menos mis tropiezos.

No me encuentro en mis costumbres ni en la historia que me cuento, ni en mis miedos y etiquetas.

No soy herencia ni sólo circunstancia.

No soy tus manos largas ni tu boca ni tu cuerpo.

Soy un poco de todo, un poco de vida, un poco de sangre, de muerte, de madre, de lluvia, de corazón… Soy ese día contigo, soy sueños, tierra, fruta prohibida. Soy un pájaro; no, no soy un pájaro, aunque tengo alas; tampoco un ángel, sólo soy una mujer que puede volar...

Temas: