En este mundo hay algo terrible, y es que cada cual tiene sus razones
Jean Renoir
¿Año clivaje? ¿Año axial? ¿Año parteaguas? Perdón por mis expresiones anticlimáticas ¡Quisiera tener, con algarabía y optimismo, motivos de celebración en este emblemático día! Sin embargo, “el horno no está para bollos”. El peligro más grave es la ausencia de responsabilidad en el ejercicio del poder.
En el trastocado trayecto de su vida, López Obrador ha externado un cúmulo de ideas inconexas sobre nuestra abigarrada agenda política. En medio de esa vorágine, hay una que lo define: “No me vengan con el cuento de que la ley es la ley”. Es la negación del orden, el desplome de la autoridad, el rechazo al consenso.
En el esquizofrénico mundo de las ideologías se han llegado a deslindar nueve familias. Es decir, un abanico de opciones para la tarea de gobernar. Sinceramente me parece un exceso. Repasemos algunos conceptos básicos.
El periodo más fecundo en la creación de propuestas ha sido el de la Ilustración. En la Asamblea francesa (1789) se decantaron los conceptos de izquierda y derecha por la ubicación de los grupos parlamentarios. En el primero, “la montaña”, estaban los que proponían limitar los poderes del rey. En el segundo, quienes insistían en preservar sus atribuciones excesivas. Era una contienda entre la razón y la tradición.
Desde entonces es muy poco lo que se ha aportado al dilema. La izquierda empezó a preferir la igualdad aun en detrimento de la libertad. La derecha se aferró a ponderar la libertad como principio irreductible. Hubo un tercer agregado: quienes pusieron como prioridad la capacidad de liderazgo. Esto es, la supervivencia de los más aptos. Los teóricos de las elites.
Volviendo a lo nuestro, me parece que esa entelequia de la 4T es un ejemplo de lo que me atrevo a calificar como “sarcofagia ideológica”. No le asuste la palabreja. Significa carroñería, quien se alimenta de algo que ya está en estado de descomposición. O, usando un término muy castizo, bodrio, que es el desecho de todas las sobras alimenticias.
Con estas reflexiones, aventurémonos a dilucidar los eventos de 2026.
En lo mundial, se decidirá si aún subsiste el derecho internacional y los órganos que pretenden hacerlo cumplir. Si se imponen quienes rechazan los consensos a los que ha arribado la humanidad, estaremos en una situación similar a los preludios de las conflagraciones mundiales. En los últimos días, México se alineó con Rusia, China, Irán, sustentando su posicionamiento en una forzada interpretación de la doctrina Estrada en el caso de Venezuela. Solamente por los efectos que pronto veremos, se podrá emitir el juicio final. Habrá elecciones en varios países. Estados Unidos confrontará un inmenso desafío en noviembre. No exagero, creo yo, al afirmar que estará en riesgo su permanencia como república democrática. Tantos casos en que se cuestionó su respeto por la ley (que ha sido uno de sus más firmes cimientos) que se hacen urgentes señalamientos claros que limiten el ejercicio del poder. La negociación del T-MEC para nosotros es vital. Ojalá salgamos lo menos raspados posible.
El estallamiento de la violencia continúa siendo nuestra principal asignatura pendiente. Hay reclamos sociales difíciles de atemperarse. La reforma electoral representa, si no se frena, el último clavo del ataúd de nuestra democracia. Confío en que una ciudadanía responsable manifieste su rechazo.
Cinco temas competen a todas las naciones: cambio climático, desigualdad, inmigración, inteligencia artificial y globalización. Son los nuevos jinetes del Apocalipsis. ¿Cómo podemos hacer para que la clase política entre en razón y asuma sus deberes? La mentira y el rencor nos están carcomiendo el carácter.
La democracia sólo funciona si se acompaña de lo que algunos juristas denominan “sentimiento de lo jurídico”. Termino con unos versos de Vicente Huidobro: “Abre la puerta de tu alma/y sal al lado afuera/Puedes abrir con un suspiro/la puerta que ha cerrado el huracán”.
Mis mejores deseos para el nuevo año.
