Una fuente abandonada
Declarada Monumento Histórico en 1931, la Fuente del Acueducto de Chapultepec sufre grave deterioro.Aunque la Fuente del Acueducto de Chapultepec fue declarada Monumento Histórico desde febrero de 1931, su deterioro es evidente y con cada minuto que transcurre se ...
- Declarada Monumento Histórico en 1931, la Fuente del Acueducto de Chapultepec sufre grave deterioro.
Aunque la Fuente del Acueducto de Chapultepec fue declarada Monumento Histórico desde febrero de 1931, su deterioro es evidente y con cada minuto que transcurre se encarece el costo y la dificultad de su restauración. Su estructura es de estilo barroco, pero ya no luce la grandeza que ostentó en el siglo XVIII; en tanto que su estructura de cantera es apenas un montículo de lajas y adornos desgastados, que se difuminan a un costado de la estación del Metro Chapultepec.
Esta pieza —afectada por una grieta histórica que se ha acentuado en las últimas dos décadas, ante la indiferencia gubernamental— alguna vez fue celebrada por su estética y por su función, dado que formaba parte del mismo sistema hídrico que integraron fuentes como La Mariscala y La Tlaxpana, ambas destruidas; y la de Salto del Agua, ubicada en el cruce de Eje Central y avenida Arcos de Belén, donde es posible apreciar una réplica, mientras que la original fue depositada en la huerta del Museo Nacional del Virreinato.
La fuente consta de un cuerpo central con molduras, querubines y bajorrelieves, uno de ellos con el escudo de la Ciudad de México; una pila para almacenar agua al frente, con dos de menor tamaño en forma de concha, y dos segmentos laterales simétricos donde se observan placas conmemorativas hechas en mármol.
Pese a todo, hoy permanece en un punto ciego de Chapultepec; mientras el viento y la lluvia realizan su trabajo: desintegrar poco a poco uno de los últimos vestigios de aquel famoso Acueducto de Chapultepec, también conocido como de Belén.
En su texto Las fuentes como parte de los acueductos, la investigadora María de Lourdes López nos cuenta que, al irse agotando los manantiales y con el desarrollo urbano de la CDMX, esta fuente fue reubicada varias veces. Por ejemplo, en 1921 fue movida unos metros y se le agregaron dos exedras (construcción de planta semicircular); aunque hacia 1976, con las obras del Circuito Interior, le retiraron los agregados y la desplazaron nuevamente.
Después vendría el sismo de 1985 y el problema se agravó. Los expertos reportaron que había sufrido un asentamiento, agrietamientos y deterioros en su cantería, así como en su ornamentación, y enlistaron una serie de trabajos que quedaron en el aire. En 1988 se insistió en la necesidad de restaurar el monumento, pero los trabajos no solucionaron su desgaste, debido a que se acentuó la fractura que se aprecia en la pieza.
Entonces llegó el siglo XXI y la situación tampoco se resolvió, dado que las autoridades de la CDMX, entre 2010 y 2014, anunciaron un proyecto para reorganizar la estación Chapultepec, que incluiría oficinas, hotel, centro comercial, plaza y estacionamiento subterráneo; aunque aquel plan cambió de rumbo.
Hace un par de meses consulté sobre el caso a Arturo Balandrano, director de Sitios y Monumentos, y me explicó que, en 2019, se intentó hacer un proyecto de restauración con el gobierno local, pero les anunciaron que realizarían trabajos de intervención adicionales en la zona para concluir el Centro de Transferencia Modal (Cetram), y la fuente quedó a la espera de la próxima administración.
Esperemos que en octubre próximo, o en 2025, alguna autoridad cultural recuerde que aún está pendiente la recuperación de esta fontana, la cual enfrenta un riesgo inminente, pese a que desde hace cuatro décadas se conoce su creciente deterioro. ¿Qué es lo que esperan las autoridades culturales y de la CDMX?, ¿que el monumento se caiga a pedazos?, ¿que alguien intente desmantelarlo y venderlo por partes?, ¿que ocurra un nuevo sismo y se pierda para siempre, o que quienes lo restauren nos vengan con el cuento de que es irrecuperable y que ya no se puede hacer una réplica exacta? ¿Omisión, desdén u olvido? Ponga usted el término que considere mejor.
