Un recuerdito
La sala El Rincón del Tiempo, del Museo del Palacio de Bellas Artes es ahora una tienda de regalos.En cualquier lugar del mundo siempre será mal visto que un espacio expositivo se transforme, sin motivo ni explicación, en una tienda de recuerditos. Y si ese sitio ...
- La sala El Rincón del Tiempo, del Museo del Palacio de Bellas Artes es ahora una tienda de regalos.
En cualquier lugar del mundo siempre será mal visto que un espacio expositivo se transforme, sin motivo ni explicación, en una tienda de recuerditos. Y si ese sitio estaba destinado a preservar y difundir parte de la memoria de ese recinto, entonces la decisión es un retroceso que apuesta por el olvido o una declaración que renuncia a su identidad y que pondera la mercadería por encima de su historia.
Algo así ocurre en este momento al interior del Museo del Palacio de Bellas Artes (MPBA), luego de que, sin considerar la opinión del público ni de informar abiertamente la medida, las autoridades del máximo recinto cultural de México tomaran la decisión de transformar la sala El Rincón del Tiempo —dedicada a exhibir pequeñas exposiciones gratuitas, relacionadas con la historia del palacio— en una raquítica tienda de regalos.
Sí, sí, lo que alguna vez fue una discreta sala destinada, desde 2009, a difundir la memoria del palacio de mármol, con fotografías, programas de mano, carteles, objetos, periódicos de época, vinilos y piezas arqueológicas… hoy no es más que un local dedicado a vender tazas, playeras, bolsas, postales, imanes, almohadas y unos cuantos libros.
Alguien dirá: ‘Oye, pero el museo necesita tienda y librería. Así que no tiene nada de malo’. Sí, pero sucede que a unos pasos está la librería —bastante amplia— y justo enfrente del antiguo Rincón del Tiempo ya existe la conocida tienda de regalos, que ahora mismo vende postales, separadores, llaveros, cajitas, joyería, ropa y hasta tiene una maquinita para crear una medalla del recuerdo. ¿Cuál es la novedad?
Seguramente El Rincón del Tiempo era perfectible y pudo ampliar su visión o cambiar de lugar, pero es un error suprimir un espacio gratuito que el propio Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) promocionaba como un sitio de nostalgia y recuerdos que hace “un viaje por la vida cultural mexicana de mediados del siglo XX”.
Me gustaría saber de quién fue la genial idea, ¿de Silvia Carreño, gerente del Palacio de Bellas Artes, o de la propia Alejandra de la Paz, titular del INBAL? Quizá no lo han notado, pero la riqueza del recinto no se limita al relato que cuentan sus murales.
El Rincón del Tiempo nació en 2009 con una idea sencilla: contar la historia del palacio de mármol a sus visitantes. Además, de acuerdo con un listado obtenido por transparencia, durante esos 16 años, este espacio programó al menos 15 exhibiciones.
Inició con Del Teatro Nacional al Palacio de Bellas Artes, visitada por más de 72 mil 300 personas, y “El Palacio de Bellas Artes y el México Posrevolucionario”, con 88 mil 726 visitantes. Y entre las más visitadas aparecen: 1968, año Olímpico y Cultural. Palacio de Bellas Artes (en 2018, con 129 mil 109 visitantes); El Caminar de la Orquesta Sinfónica Nacional 1905-1949 (en 2023, con 157 mil 914 visitantes), y Testigos mexicas bajo un Palacio” con la que cerró el espacio, en marzo pasado, que llevaba más de 120 mil visitantes.
Esta última, por cierto, incluyó 163 piezas arqueológicas halladas en el predio que ocupa el Palacio de Bellas Artes, provenientes del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), entre las que hubo decenas de vasijas, cajetes, figurillas antropomorfas, fragmentos de braseros y fotografías históricas que dieron cuenta de las excavaciones de 1993, donde la estrella fue el Cuauhxicalli de Quetzalcóatl o Recipiente del águila, con un peso de 700 kilogramos.
Qué curioso que, mientras en el Zócalo capitalino las autoridades apuestan por presentar un espectáculo llamado Memoria Luminosa, en Bellas Artes, el recinto cultural más importante del país, se decidió quitar un espacio expositivo ganado (que podría afectar los derechos culturales del público) y convertirlo en una tiendita tan sombría y gris como la memoria de los funcionarios que tomaron la decisión.
