Trazo desdibujado

Como homenaje por el centenario del natalicio del dramaturgo Sergio Magaña (1924-1990) se escenificará Los motivos del lobo.

En pocos días será el centenario del nacimiento de Sergio Magaña (1924-1990), dramaturgo mayor de la segunda mitad del siglo XX, quien dejó una huella en el paisaje escénico con obras como Los signos del zodiaco (1950), Rentas congeladas (1960), El mundo que tú heredas (1970), Santísima (1976) y uno de los primeros textos de teatro documental, Los motivos del lobo (1965), que será adaptado y escenificado del 6 al 22 de septiembre próximo, en el teatro que lleva el nombre del autor, en la colonia Santa María la Ribera.

Será un evento interesante que debería replicarse por toda la ciudad, como parte del homenaje Reflejos: 100 años de Sergio Magaña, que en febrero pasado prometió Claudia Curiel de Icaza, próxima titular de Cultura, a la figura del dramaturgo michoacano.

Además, las autoridades de Teatro de la Ciudad de México, que encabeza Emilia

Cantú Alvarado, deberían concluir la rehabilitación del recinto y juntar algunos pesitos para restaurar, proteger e iluminar adecuadamente los ocho murales que resguarda el Teatro Sergio Magaña —inmueble que cuenta con valor cultural por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)—, creados por el casi desconocido artista michoacano Jorge Vicario Román, quien los pintó en 1936 y fueron recuperados hacia 2005, aunque hoy vuelven a lucir deteriorados, opacos, dañados por la humedad y con algunas pérdidas cromáticas.

De acuerdo con Julio

Cárdenas, quien en 2016 hizo un registro puntual de estos murales para el número seis de la revista Voces Santa María la Ribera —fanzine coordinado por Israel Martínez y producido por el Museo Universitario del Chopo—, seis de las piezas se encuentran en los muros laterales del recinto, otra en la parte posterior de la gradería superior y una más en el pasillo lateral exterior del teatro.

Dichas obras hacen un repaso de la historia de México, desde el paraíso precolombino en el que se fundó Tenochtitlan y la posterior llegada de Hernán Cortés, hasta personajes como José María Morelos, Benito Juárez, Diego Rivera disfrazado de fraile, detalles del Porfiriato, Emiliano Zapata y una pila de revolucionarios muertos, hasta culminar con un Lázaro Cárdenas como estadista de

ese momento.

La ficha biográfica del teatro podría resumirse así: El recinto se asienta en el predio de lo que fue la Quinta San Miguel, a finales del siglo XIX, hasta que doña Manuela Chillarón adquirió la propiedad y, en 1888, mandó construir el Templo de Nuestra Señora de la Salud, concluido en 1901. Este lugar funcionó como recinto religioso hasta 1935, cuando el entonces presidente Lázaro Cárdenas decretó que el inmueble se convirtiera en centro educativo.

Un año después, se encargó al pintor Jorge Vicario Román elaborar ocho murales en el edificio que, en 1937, fue transformado en la Casa Agrarista Emiliano Zapata, la cual dio refugio y alimento a los ejidatarios y campesinos de México, aunque para los años 80 el espacio formó parte de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo) y, en 1991, —no se sabe si en comodato— se convirtió en teatro, tomando el nombre de Sergio Magaña.

Desde entonces, Luis Chavira Alva ha dirigido el espacio, aunque recién explicó que el tiempo, la humedad y el público han maltratado los murales. Incluso recordó que, hace poco, el personal del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) volvió a registrar el deterioro de las piezas y sugirió que se cerrara el inmueble durante un año, lo cual le impediría generar fondos para su sobrevivencia, por lo que Chavira propuso que los trabajos se realizaran de noche, pero el planteamiento no prosperó.

Hace unos días consulté a Ernesto Martínez, titular de Centro Nacional de Conservación y Registro de Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam), si existe solicitud para restaurar la obra en este recinto, pero reconoció que, hasta el momento, carece de información. Es claro, entonces, que falta la voluntad necesaria para recuperar el inmueble y sus murales.

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