Su propio credo
La Secretaría de Cultura respondió superficialmente la carta enviada por especialistas de la fotografía.
Dice que privilegia el diálogo y que atiende a todas las voces, pero cuando llegan las discrepancias u otros puntos de vista, la Secretaría de Cultura, que dirige Claudia Curiel, muestra su falta de oficio, cierra los oídos, declina la conversación con quienes cuestionan su trabajo y, con una vocecilla regañona, reza su propio credo en forma
de comunicado.
Algo así ocurrió ayer, cuando la Secretaría de Cultura respondió de manera superficial la carta que, el pasado jueves, le enviaron especialistas de la fotografía, suscrita por más de 400 personas, quienes exponen carencias en el Centro de la Imagen (CI) y plantean revertir su integración a la Dirección General de Bibliotecas (DGB) que, como sabemos, enfrenta deficiencias históricas.
A esto hay que sumar un dato. Si bien la DGB recibiría, en 2026, 11.9 millones de pesos más de lo que ejerce este año, según el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación, si restamos la inflación, su incremento presupuestal sería de 1.1%, lo cual no alcanzaría para atender al Centro de la Imagen.
En su carta, los firmantes enlistaron cinco puntos críticos: la pérdida de autonomía del Centro de la Imagen tras su reciente adscripción a la Dirección General de Bibliotecas; la falta de presupuesto estable desde hace una década; el rezago en el rubro de adquisiciones desde 2018; la interrupción de programas clave como la revista Luna Córnea, que tiene cinco años sin publicar, de Fotoseptiembre, que carece de fondos suficientes para sostener su carácter internacional, y de los coloquios de fotografía, que no han sido convocados desde 2017, así como deficiencias en materia de conservación e infraestructura, ya que las salas del Centro de la Imagen carecen de sistemas adecuados de climatización y control de humedad.
Uno esperaría que la Secretaría de Cultura sostuviera un par de reuniones con los firmantes de la misiva, así como lo ha hecho con los estudiantes de las escuelas de artes del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura
(INBAL) o con los sindicalizados que cada tres meses cierran los espacios culturales. Sin embargo, la SC optó por publicar una tarjetita informativa.
En ésta detalló que, desde agosto pasado, recibió la carta “promovida por una asociación civil”, a la que “se ofreció una respuesta aclarando que las funciones del Centro de la Imagen se mantienen y se fortalecen”; prometió que su compromiso seguirá siendo la conservación y la puesta en valor de sus acervos, que apostará por la continuidad de su programación expositiva, el fortalecimiento de sus proyectos fundacionales (como la Bienal de Fotografía, Fotoseptiembre, el Seminario de Producción Fotográfica y la revista Luna Córnea) y destacó el crecimiento de la XXI Bienal de Fotografía 2025. También insistió en que “la integración del CI a la DGB fortalece su estructura organizativa” (sin aclarar cómo) y que “con esta incorporación se reconoce y destaca la especialidad de conservación de sus acervos fotográficos”. Aunque no sé cómo podrían demostrarlo.
Horas después, Estela Treviño, una de las firmantes del documento, aclaró que Livier Jara, directora del CI, les respondió con un comunicado, pero éste no atendió los cuestionamientos de origen, y expuso que “la respuesta institucional recibida hasta ahora es una respuesta política que no resuelve lo esencial: ¿cuáles son los criterios para mover el CI a la Dirección General de Bibliotecas?”.
Y añadió algo sensato: “Lo que solicitamos no fue un comunicado, sino la posibilidad de un diálogo directo mediante una reunión de trabajo con la SC. La dirección del Centro de la Imagen no se sumó a ese diálogo, y por ello ahora debemos ser más críticos: responder únicamente con un pronunciamiento no sustituye el espacio de escucha que la comunidad demanda”.
Veamos si Claudia Curiel privilegiará el diálogo. Ojalá que, al menos, les tome una videollamada, porque en el resto de pendientes sólo hemos escuchado aquella vocecilla que reza su propio credo.
