Recursos inhumanos
Cada año, los trabajadores de la cultura sufren pagos atrasados, despidos e inseguridad laboral.
Cientos de trabajadores de la cultura enfrentan la cuesta de enero con tanta incertidumbre que en sus casas son vistos como adictos al deporte extremo, quizás al motociclismo estilo libre o a cruzar ríos de aguas turbulentas, pero sin protección y sin la sonrisa que debería implicar este tipo de aventura.
Y lo digo porque, cada año, estos colaboradores, que parecieran participar en una especie de ruleta rusa, sufren pagos atrasados, despidos, inseguridad laboral y falsas promesas de recontratación, bajo la idea de ajustar el cinturón a la burocracia mexicana o, al menos, de agitar un poquito las ramas del cambio, pero sin un diagnóstico visible.
Por ejemplo, en la primera semana de este año, el titular de Cultura de Tlalnepantla convocó a los 50 músicos de la Banda Sinfónica Municipal (fundada en 1986) y a las orquestas de Cámara Municipal (creada en 2003) y la Sinfónica Infantil y Juvenil, para conocer sus funciones “como servidores públicos”.
En aquel encuentro, realizado en el Auditorio José Emilio Pacheco, los creadores detallaron su labor e incluso se les pidió enunciar las carencias que enfrentan, ante lo que se alzaron las voces que señalaron la falta de atriles, sillas, de un mejor sueldo y hasta una sede propia. Todo fue cordial y, al final, recibieron la petición de volver al siguiente día. Los músicos aceptaron y se fueron contentos.
Pero un día después, como si todo fuera un relato de Jorge Ibargüengoitia, un jurídico externo recibió a los artistas y les pidió ingresar de manera individual para informarles que el municipio prescindiría de sus servicios y que, en compensación, les entregaría media quincena de su sueldo.
Los músicos cuestionaron la medida, denunciaron la situación en redes sociales, declinaron firmar cualquier papel, pidieron respeto a su antigüedad —de seis a más de 20 años— y advirtieron que buscarían asesoría legal.
En las dos semanas siguientes, su director artístico, Patricio Méndez Garrido —que en 2022 ocupó un par de semanas, de forma accidentada, la dirección del Conservatorio Nacional de Música—, quiso reunirse con los nuevos funcionarios del municipio, pero no lo consiguió.
Ayer, una comisión de atrilistas fue recibida por los jurídicos, quienes les informaron que el próximo martes (28 de enero) se dará a conocer la lista de artistas que serán recontratados, quizá los más jóvenes, aunque, al parecer, deberán firmar un contrato semestral y renunciar a las prestaciones de ley y a la seguridad social. Mientras tanto, los intérpretes de mayor edad tendrán que jubilarse y el resto será liquidado, con la promesa de que será conforme a la ley. ¿Por qué tanto laberinto en esta dependencia cultural?
ACERVO PAZ
Otro caso que preocupa es el de los restauradores, antropólogos, historiadores, biólogos y químicos que trabajan en el proyecto de archivo, catalogación y digitalización del acervo de Octavio Paz, quienes fueron empleados de manera externa, escalonada y sin un debido contrato para laborar en la Casa Marie José y Octavio Paz (Excélsior, 10/02/2025).
De momento, se sabe que los pagos atrasados de noviembre y diciembre ya fueron cubiertos, aunque las autoridades aún no firman el convenio para formalizar su recontratación, por lo que estos 23 trabajadores continúan en el limbo sin que, hasta ahora, la Secretaría de Cultura (SC) federal y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), que encabezan Claudia Curiel y Alejandra de la Paz, hayan sugerido alguna solución.
A estos hechos se deben sumar los despidos en Canal 22, en el programa Cultura Comunitaria (Reyna Paz, El Universal) y en el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali). En este último caso se intentó que un empleado, con 12 años de antigüedad, presentara su renuncia –ante una supuesta petición de la SC–, pero, tras negarse, fue denunciado por “abandono de trabajo”. ¡Vaya formas!
