Radiografía de un adiós

La gestión de Alejandra Frausto culmina

¿Qué estampa definiría mejor a Alejandra Frausto como titular de Cultura, a dos días de que termine su gestión? Podría ser el código de vestimenta que implementó en ciertos foros; la incertidumbre en los pagos a trabajadores —incluyendo a los del INBAL e INAH— que no logró resolver del todo; la falta de un proyecto que atendiera a todos los sectores, o aquel par de muletillas que repitió hasta el cansancio: “El poder de la cultura” y “La cultura no es un accesorio”.

Habrá quien la recuerde por heredar obras inconclusas, como la Bodega Nacional de Arte (85% de avance, según datos oficiales) y la Cineteca Chapultepec (90%); por la inacabada limpieza y digitalización del acervo documental de Octavio Paz (80%); por improvisar anuncios de proyectos como La Mariscala; por desactivar colectivos desde un grupo de WhatsApp, o por anunciar “el hallazgo de la probable voz de Frida Kahlo”, lo que terminó en una broma de mal gusto.

Alguien la evocará haciendo mutis ante la recuperación del Polyforum Cultural Siqueiros, pendiente desde tiempos de Miguel A. Mancera, o por dejar a medias el Parque del Muralismo Mexicano (aún en proceso de demolición) y el Programa Nacional de Reconstrucción del Patrimonio (PNR), que atiende los edificios afectados por los sismos de 2017, sobre lo cual la propia Frausto expresó: “La emergencia no termina hasta que no se entregue el último inmueble”.

Otros más la definirán como artífice de la descentralización frustrada, pese a destinar recursos a una sede que jamás funcionó; como quien dejó proyectos culturales fuera del Profest; como quien no cumplió con la implementación del vale de cultura, establecido en la ley, o quien dejó acéfala una subsecretaría (desde 2020), en aras de la austeridad. También podrían recordarla por olvidar el tema de la violencia y la “recomposición del tejido social”; por ofrecer un par de disculpas públicas a la comunidad artística, la primera tras confirmarse el retraso de 4 mil pagos, en 2020, y la segunda, ante la desactivación de colectivos, sin dejar de lado el supuesto homenaje realizado al representante de la Luz del Mundo, en Bellas Artes; las 91 plicas de los Premios Bellas Artes (2019) que fueron abiertas, o el abandono del basamento del Conjunto Cristóbal Colón.

Claro, habrá quien prefiera ver el vaso medio lleno y rescatar su apoyo a la extinción de los etiquetados en el Presupuesto de Egresos de la Federación; su trabajo en favor de las culturas indígenas, que llevó el arte textil a Bellas Artes, y el oponerse con severidad al plagio y la apropiación indebida que las marcas comerciales realizaban de los diseños indígenas. Otras voces destacarían la repatriación de piezas arqueológicas, el programa Original y la venta de artesanías en Los Pinos.

A manera de complemento, dejaría por aquí algunas preguntas que han quedado en el aire hasta el momento: ¿Cuál es el diagnóstico de la supuesta atención a 720 municipios, que se haría como parte del programa Misiones por la Diversidad Cultural?, ¿se logró definir la fuerza cultural de cada demarcación, como se prometió?, ¿ya cuentan con internet las casi 8 mil bibliotecas del país y ya fueron convertidas en centros culturales?… Y así podríamos continuar, pero mejor que cada quien haga su balance y elija la mejor estampa del sexenio.

  • LA TRANSICIÓN

Aunque Diego Prieto, titular del INAH, anunció que el 1 de octubre volvería a su plaza como investigador en la ENAH, ayer me confirmaron que deberá continuar al frente de la dependencia hasta diciembre próximo, para resolver algunos “pendientes”. Este mismo destino lo compartiría la titular del INBAL. ¿Es posible que Claudia Curiel aún no quisiera arriesgarse a tomar las llaves del changarro y optó por aguantar sus nombramientos?

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