Palafoxiana herida

En plena pandemia, investigadores y autoridades locales reconocieron que algunos de sus libros fueron mutilados...

La Biblioteca Palafoxiana, ubicada en Puebla, es un paraíso de papel y un ejemplo de la arquitectura barroca que obtuvo la declaratoria como Monumento Histórico de México, en 1981, y su inclusión al Programa Memoria del Mundo de la Unesco,  en 2005, dada la riqueza de un acervo con 43 mil 153 libros históricos y nueve incunables, entre los que destacan La ciudad de Dios, de San Agustín, de 1475, y La crónica de Nuremberg, de Antón Koberger, de 1493, que cuenta la historia universal de Europa,  ilustrada con mil 804 xilografías de valor artístico.

Fue fundada hace 377 años, en 1646, por el obispo español Juan de Palafox y Mendoza, y se convirtió en la primera biblioteca pública de América. Sin embargo, hace un par de años, en plena pandemia, investigadores y autoridades locales reconocieron que algunos de sus libros fueron mutilados, sin especificar una cifra; pero se detectó que les desprendieron páginas con obras de arte, dibujos y mapas. Incluso, el titular de Cultura de Puebla, Sergio Vergara, refirió que existían afectaciones en parte de los incunables, editados tras la creación de la imprenta, en 1440 (Excélsior, 25/02/2021).

Días después, investigadores de las universidades de Pamplona, Arizona, la BUAP, la UNAM y Adabi de México, quienes formaban parte del Consejo de la Palafoxiana en 2005, lamentaron el daño a la colección, se pusieron a disposición de la autoridad local para asesorar cualquier acción y suscribieron la necesidad de llevar a cabo una auditoría para deslindar responsabilidades.

Los expertos indicaron que el problema se remontaba al periodo en que la biblioteca fue adjudicada, sin sustento legal, al Organismo Público Descentralizado Museos Puebla y confirmaron que este acervo “fue  víctima del descuido y la falta de un presupuesto que correspondiera a un bien patrimonial declarado Memoria del Mundo por la Unesco, distinción a la que el estado de Puebla no ha dado respuesta, olvidando sus compromisos internacionales y no sólo internacionales, sino también las obligaciones que señalan las leyes de patrimonio federales y estatales”.

Hasta ese momento, la Secretaría de Cultura federal, que dirige Alejandra Frausto, no tenía conocimiento alguno del caso y la solución, siempre oportuna y diligente, llegó en forma de comunicado, en el que externó su preocupación, manifestó su apoyo, pidió a la SC local información detallada de los “supuestos saqueos” y daños en todos los museos de la entidad y en especial de los acervos históricos de la Palafoxiana. Incluso, el INAH, que encabeza Diego Prieto, ofreció apoyo con especialistas en conservación y restauración, así como de su área legal.

Lo lamentable es que, desde entonces, ni Frausto ni Prieto han referido el tema. ¿Recibieron la información solicitada?, ¿enviaron a expertos del INAH a revisar los volúmenes dañados?, ¿destinaron algún presupuesto a estos trabajos? ¿O todo quedó en un diplomático encuentro de oficios que se limitan a formalizar un esfuerzo sin fondo, sin recursos y sin interés? Porque al ver los recursos destinados a la Palafoxiana en los últimos años no se aprecia un mejor panorama: 1.8 mdp en 2018; 1.3 mdp en 2019; 914 mil pesos en 2020; 1.8 mdp en 2021; 1.3 mdp en 2022; y 71 mil pesos en lo que va del año.

Museos Puebla y la SC local revelan a esta columna que la Palafoxiana sigue en revisión y que mantiene dos auditorías abiertas (la AUD-01/2021 y la AUD-54/2023) “para determinar si los daños, mutilaciones y sustracciones fueron recientes o datan de hace tiempo”.

Lo singular es que la autoridad estatal decidió reservar la información sobre el caso por un periodo de cinco años, así que no será posible conocer las dimensiones del daño hasta 2028. Ni hablar, así son los tiempos de la burocracia morosa.

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