Otro limbo
Alberto Torres Xolocotzi dejó de ser director artístico de la Orquesta Típica de la CDMX; la SC capitalina no ha informado sobre la situación de la agrupación.
Mientras las autoridades culturales de la Ciudad de México encabezan eventos de larga trascendencia y posan para la instantánea, mientras cortan uno que otro listón conmemorativo con la sonrisa plena, el rumbo que tomará la Orquesta Típica de la Ciudad de México (OTCM) sigue siendo una incógnita.
Es interesante que, a casi dos meses de que se revelara el despido o la no recontratación de Alberto Torres Xolocotzi como su director artístico —ocurrido tras bambalinas y bajo argumentos poco claros—, esos mismos funcionarios que han recitado a los cuatro vientos la relevancia de los derechos culturales y de la seguridad social de los artistas han sido incapaces de informar al público una sola línea sobre la situación que atraviesa la orquesta.
¿No es ésta una actitud de abandono y desprecio hacia la agrupación más antigua de México? ¿O es que así se debe tratar a los grupos que han sido declarados Patrimonio Cultural Intangible?
La historia ya es conocida. El pasado 16 de junio, Alberto Torres Xolocotzi, entonces director de la OTCM, fue llamado por Mariana Gómez, titular de la Dirección General de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Secretaría de Cultura local, y Ruth Irán Quiroz Espejel, enlace administrativo de la Orquesta Típica de la Ciudad de México, para notificarle que ya no se le renovaría el contrato y que su lugar sería ocupado por una mujer, bajo el argumento de paridad o equidad de género.
Días después, gran parte de los músicos lamentaron que se tomara esta decisión y expresaron su inconformidad en una carta abierta, en la que manifestaron su “repudio ante políticas que son discriminatorias de género, que promueven la intolerancia de género, y que resultan violatorias de los derechos humanos y laborales de nuestros miembros”.
Aunado a esto, recordaron que su director ganó la titularidad de la OTCM en un concurso de oposición, por un periodo de tres años —el cual debería terminar hasta junio de 2026—, y que no aceptarían la imposición de una batuta sin reponer el proceso de audición.
¿Cuál fue la respuesta de la SC capitalina, que encabeza Ana Francis López Bayghen? El silencio.
Hasta donde sabemos, la más reciente junta entre músicos y un puñado de funcionarios ocurrió el pasado 11 de agosto, sin que se lograra consenso alguno. Esto significa que La Típica volverá de vacaciones el próximo 9 de septiembre, sin una batuta establecida, sin claridad en su programación artística y, por supuesto, con una larga lista de pendientes, que Excélsior ya ha reportado en su momento, como la falta de una sede propia —que supuestamente se resolverá en el futuro, con una Utopía— y la carencia
de instrumentos.
SIN FILIAL
El Semanario Zeta informó ayer que la filial del Fondo de Cultura Económica (FCE) en San Diego, California, cerró, “por lo que 90 mil 400 libros fueron donados a diversas instituciones de ambos lados de la frontera en los últimos seis meses”.
Ezra Alcázar, gerente de Vinculación Internacional del FCE, dijo a Zeta que el cierre se debió a que no se trataba de una librería, sino una distribuidora de libros con oficinas, la cual, en los últimos años, redujo su labor, ya que en Estados Unidos se venden más libros electrónicos que impresos.
Pese a todo, justificó que la subsidiaria –con 35 años de vida– seguirá existiendo (digitalmente, supongo), y que se tiene la idea “de que en un futuro no muy lejano” se abra otro espacio en EU, que tenga la función de centro cultural, como lo tiene el FCE en otros países.
Francamente, no creo que el FCE tenga la intención de adquirir o rentar un inmueble en EU para crear un nuevo centro cultural. Sería un buen mensaje en tiempos en que Trump y el ICE no dejan de aterrorizar a los migrantes, aunque es más bien una carta de buenos deseos que sólo pretende tranquilizar las aguas. Ya veremos si cumplen.
