Otra evasiva

La dirección del Museo Dolores Olmedo publicó una carta abierta para defender la honorabilidad del recinto.

La carta abierta que ayer publicó la dirección del Museo Dolores Olmedo, conducido por Carlos Phillips Olmedo, centró su atención en defender la honorabilidad del museo y la de su fideicomiso —lo que sea que eso signifique—, y en descalificar la misiva suscrita hace una semana por 90 integrantes de diversos sectores culturales, en la que exigieron la reapertura inmediata del recinto, la no fragmentación del acervo (que contiene obra de Frida Kahlo, Diego Rivera, Angelina Beloff y Pablo O’Higgins, etcétera), y que quienes encabezan el fideicomiso transparenten las gestiones realizadas entre 2020 y 2025. Es todo.

La preocupación, como han reportado los medios, es simple: que se aclare el inexplicable traslado (temporal o no) de parte de la colección —en especial la obra de Diego y Frida— al espacio homónimo que se edifica en el Parque Urbano Aztlán y que se detalle si esto ocurrirá a manera de préstamo, en comodato o intercambio durante los próximos 10, 20, 40 o cien años. Por desgracia, eso no lo esclarece el desplegado.

Tampoco se especifica la fecha de reapertura, pues hablar de que el recinto abrirá en 2026 es ambiguo. Total, si todo está bajo control, como se dice, ¿por qué no precisarlo con un año de antelación?

Otra carencia en el comunicado es que, hasta el momento, no se han aclarado las razones que llevaron al honorable fideicomiso a cambiar de fiduciaria y pasar de Nacional Financiera (Nafin) a CIBanco, recién señalado por lavado de dinero.

Como paréntesis, debemos recordar que, en días pasados, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público informó que ha iniciado un proceso de escisión para transferir, temporalmente, el negocio fiduciario de CIBanco a entidades de la banca de desarrollo mexicana y permitir que los fideicomisos continúen operando sin interrupciones. ¿No sería oportuno que el fideicomiso recuperara el contrato original que suscribió Dolores Olmedo en 2002, para volver a Nafin?

Por último, vale la pena señalar que la carta —escrita con una redacción airada y defectuosa— olvida mencionar la protesta del pasado domingo afuera del museo, donde los propios vecinos (que fueron recibidos con un portal tapiado, como si se esperara a un grupo de vándalos por encargo) expresaron sus dudas y exigieron mantener la esencia del recinto, es decir, no modificar ni dividir la colección. En pocas palabras, no enviar parte del acervo a Chapultepec.

Es curioso que los honorables directivos no dedicaran ni una línea al hecho. Es más, uno supondría que cualquier recinto se debe a su comunidad y que, en su momento, tuvo que reportarle cualquier modificación, arreglo o renovación. ¿Acaso no hubo tiempo suficiente, entre 2020 y 2025, para establecer ese vínculo? Porque un museo que no toma en cuenta a su entorno sólo exhibe su soberbia, falta de respeto por su vocación y, por supuesto, un nulo interés en el público.

En su lugar, la misiva de ayer dejó más dudas que certezas, como se lee en su párrafo central: “En cuanto a la gestión y destino del acervo, afirmamos categóricamente que todas las decisiones han sido tomadas en estricto apego a la voluntad de Dolores Olmedo, a la normatividad aplicable y a los más altos estándares internacionales de conservación y museología. Cualquier extensión o colaboración con otros espacios culturales es una grandísima oportunidad para continuar cumpliendo con los fines del fideicomiso en cuanto a ampliar la difusión del patrimonio, sin menoscabo de la integridad, titularidad ni resguardo de las colecciones” (sic).

Pero si todo es tan legal y en apego a la voluntad de doña Lola Olmedo, ¿por qué no se detalla abiertamente el proyecto que viene y dejamos de lado la especulación? Así de simple, sin soberbia, sin dudas y sin descalificaciones.

Temas: