No se hagan concha
A la fecha, nadie ha aclarado el destino de la vieja y pesada concha acústica del Palacio de Bellas Artes.
Hace tres años que se sustituyó la concha acústica de la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes y, desde entonces, nadie ha podido aclarar el destino que se le dio a la vieja y pesada estructura que apenas duró 12 años y que fue adquirida en 2010, por 20 millones de pesos, durante la cuestionada remodelación de esta misma sala.
La sustitución fue reportada desde mayo de 2022, cuando la entonces directora del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), Lucina Jiménez, lo anunció en redes sociales. Tres meses después se concretó la compra, por 11.1 millones de pesos, con fondos provenientes del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado (INDEP), para “mejorar la sonoridad de la sala con una estructura más flexible y ligera” (Excélsior, 14/09/2022).
Entonces se habló de las bondades de la nueva estructura desmontable, elaborada con extrusión de aluminio, dividida en 12 módulos y cuatro plafones, con un peso de ocho toneladas y que podría desmontarse en sólo 15 minutos, a diferencia de la anterior, que pesaba casi 30 toneladas, lo cual entorpecía su manejo.
En aquella ocasión pregunté a Laura Ramírez Rasgado, entonces subdirectora general de Bellas Artes, cuál sería el destino de la estructura removida. Éstas fueron sus palabras: “Se retiró y está en proceso de enviarse a uno de los teatros del interior del país que lo necesite; estamos en ese proceso, para que se aproveche en lo que se pueda… Hemos tenido que consultar a distintos recintos, en dónde puede caber, en dónde puede hacer el bien que tenga que hacer la concha para un lugar permanente. Entonces, se encuentra en proceso y, cuando se tenga el resultado, con mucho gusto les informaremos”.
Aseguró que lo estaban revisando con teatros en Guerrero y añadió: “La concha tiene que tener un servicio permanente. Como es una concha pesada, debe tener un servicio en el que realmente se traigan conciertos de manera permanente, donde haya una sinfónica local y grupos de cámara, para que realmente tenga un funcionamiento integral”.
Pues, a tres años de aquellas declaraciones, ninguna autoridad del INBAL ha aclarado el supuesto envío de aquella vieja concha acústica a algún espacio escénico. ¿Alguien podría creer que una estructura de 30 toneladas fue enviada a algún teatro foráneo y nadie lo anunció?, ¿qué recinto realmente tendría la capacidad de albergar un armazón de esas dimensiones y contar con el presupuesto para darle mantenimiento? Ojalá que el teatro beneficiado se pronuncie y alce la mano, porque algo así el INBAL lo habría cacareado hasta el cansancio.
Al respecto, Alejandra de la Paz –funcionaria que pone pies en polvorosa cada vez que alguien se le acerca con un cuestionamiento– no ha respondido una sola palabra, lo que sugiere que alguien no ha querido informarle. ¿Será entonces que la vieja concha acústica fue refundida en alguna bodega, como ocurrió con la mecánica teatral del antiguo escenario de Bellas Artes? Es posible, aunque, si fuera así, alguien ya lo habría notado, le habría sacudido el polvo, tomaría un par de fotos y se justificaría su resguardo.
¿O será que alguien la remató en algún bazar, la vendió al fierro viejo o se la regaló a algún amigo o familiar que tiene por ahí algún espacio cultural? ¿Será que, en unos años, alguien la hallará oxidada o desvalijada en una bodega de tránsito?
Claro que todo esto son conjeturas alimentadas por el silencio de instituciones y funcionarios que omiten su responsabilidad. Me sorprende que Alejandra de la Paz no pueda llamar por teléfono a Lucina Jiménez –ahora directora general de Formación y Gestión Cultural, flamante área con sede en el Complejo Cultural Los Pinos, donde se elaboran sesudos diplomados para el fin de los tiempos– y preguntarle qué fue de aquel armatoste millonario que, sencillamente, se esfumó.
