Fue un logro que los especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se reunieran, el pasado lunes, para contrastar sus ideas en torno a los mal llamados Parques de la Memoria, creados a partir del desmontaje y la reubicación de estructuras prehispánicas en Campeche y Quintana Roo.
La reflexión llegó un poco tarde y no se entiende por qué el instituto esperó hasta que la polémica los sentó en un auditorio en el que muchos coincidieron en que aún tienen dudas, pese a que las estructuras ya fueron desmontadas y reubicadas con un sentido supuestamente didáctico, aunque, en la práctica, su nombre confunde hasta al menos distraído.
Pero lo que ahora más preocupa sobre este tema ya no es si, una vez reubicadas, se les puede considerar estructuras originales —yo creo que no— o si habría sido mejor sepultarlas o destruirlas. La reflexión central, creo, tendría que enfocarse en el planteamiento formulado por el arqueólogo Sergio Gómez, quien alertó que proponer una normatividad para mover este tipo de monumentos podría abrir la puerta para que diversos sitios arqueológicos que estorban —no en obras públicas, sino en privadas— sean desplazados, lo cual ni siquiera debería entrar a discusión.
En esto el INAH tendría que ser contundente desde ahora para evitar que algunos malintencionados hagan sus propias interpretaciones en el futuro. No vaya a ser que dentro de dos o tres sexenios a alguien se le ocurra hacer una lectura distinta de la ley y, argumentando que no queda otra opción, afecte cientos de sitios inexplorados.
SIN GARANTÍA
Hace una semana preguntaba en este mismo espacio por el avance de los trabajos para proteger el Templo de la Serpiente Emplumada, en Teotihuacan, pendiente desde 2022, cuando se anunció al ganador del concurso para proteger la estructura.
Formalmente, no hubo respuesta. Sin embargo, tras consultar a Omar Vázquez, titular del INAH, queda claro que Diego Prieto, extitular del instituto, se mudó de cargo sin haber garantizado los recursos para tal fin y sin haber aclarado las razones por las que el proyecto no se logró concretar, pese a que fue él quien expuso a detalle la acumulación de riesgos y afectaciones en todo el sitio arqueológico.
De entrada, Omar Vázquez me explicó que los trabajos que en este momento se realizan en Teotihuacan tienen que ver con “trabajos de infraestructura para la mejora de la visita pública”, los cuales concluirán en mayo próximo.
¿Y respecto al Templo de la Serpiente Emplumada?, le pregunté. “Seguiremos trabajando para el proyecto, que tiene que ver con la integración, la rehabilitación y, por supuesto, la puesta en valor del Templo de la Serpiente Emplumada, que no solamente requiere una intervención en términos de restauración y estabilización, sino también la posibilidad de integrar una cubierta que la pueda proteger en diferentes sentidos, de la intemperie, y seguramente estaremos trabajando en ello para que suceda”.
¿Qué avance llevan? “Esos trabajos todavía no inician. Por supuesto que estamos en posibilidades de conseguir el recurso para que esto suceda y, cuando esto ocurra, con mucho gusto se los daremos a conocer”.
¿Cuánto llevan reunido de dinero? “Reunido dinero como tal, no. Efectivamente, tenemos un presupuesto que en este caso involucra alrededor de 50 millones de pesos para la cubierta que podría proteger todo el ámbito de la Serpiente Emplumada”.
¿Aún no se ha montado nada, sólo se hicieron los pozos de sondeo? “Es correcto, los pozos de sondeo. Y, por supuesto, eso nos va a permitir tomar decisiones para tener el proyecto concluido y, después de ello, la intervención”.
Qué curioso, pero sobre estos temas la titular, Claudia Curiel, no se ha expresado ni en redes sociales, que son el foro en el que más cómoda se le ve.
