La última voluntad

¿Por qué Carlos Phillips Olmedo insiste en crear otro recinto con el nombre de Dolores Olmedo?

Si la última voluntad de la coleccionista y mecenas Dolores Olmedo fue abrir al pueblo de México gran parte de sus bienes patrimoniales –entre los que hay obra de Diego Rivera y Frida Kahlo—, bajo la condición de que éstos permanezcan al interior del Museo Dolores Olmedo, ubicado en La Noria, Xochimilco, ¿por qué su heredero, Carlos Phillips Olmedo, y las autoridades de cultura insisten en crear un nuevo recinto con el mismo nombre, pero a un costado de los juegos mecánicos del Aztlán Parque Urbano, al que se trasladarán, en teoría, fragmentos de ese acervo?

Y digo en teoría porque aunque Sergio Haua, director del parque de atracciones, anunció que ya se cuenta con los permisos para llevar a cabo la obra, aún no tiene la certeza de que dicha colección llegará al nuevo espacio. Veamos la declaración captada por Adriana Góchez y Yanireth Israde (La Razón y Reforma, 14/02/2025): “La inversión (para edificar la nueva sede, en Chapultepec) debe ser de alrededor de unos 600 millones de pesos. (Pero) no podemos comenzar la obra hasta que esté garantizado el traslado, si no, imagínese, tener el museo sin la obra”. Y tiene razón.

Primero recordemos que la colección de Lola Olmedo incluye 148 obras de Diego Rivera, 26 piezas de Frida Kahlo, 48 de Angelina Beloff, 30 de Pablo O’Higgins, 12 esculturas estofadas, 3 mil piezas de arte popular y 800 de arte prehispánico, las cuales no tendría que disgregarse bajo ninguna circunstancia, como consta en la voluntad de la mecenas.

Ante este panorama, tanto Carlos Phillips como la autoridad cultural ya deberían transparentar el proceso y responder las dudas. Por ejemplo, ¿cuántas obras se trasladarán al nuevo recinto y con base en qué criterios curatoriales?, ¿el nuevo museo será de acceso gratuito?, ¿con qué sustento legal se autorizaría la mudanza de la obra, cuando existe un documento jurídico que impide su extracción, traslado o división?, ¿por qué tanto el Comité Técnico (integrado por familiares) como el Patronato han renunciado a preservar voluntad de Lola Olmedo?

¿Puede el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), que hoy dirige Alejandra de la Paz, sencillamente cerrar los ojos y omitir la existencia del recurso legal, para convertirse en comparsa del traslado sin tener responsabilidad alguna? ¿Para qué sirven, entonces, los instrumentos jurídicos?

Porque, de acuerdo con la escritura notariada del Contrato de Fideicomiso denominado Museo Dolores Olmedo Patiño, que contiene los deseos de la mecenas —revelada por Adriana Malvido en su columna Cambio y fuera (El Universal, 1/09/2021)—, dichos bienes siempre deberán mantenerse juntos y no podrán salir del museo, salvo en casos excepcionales para su exhibición temporal, dentro y fuera de nuestras fronteras, o cuando se cubrieran préstamos recíprocos de obra de la misma calidad (en el caso de Frida, Diego y Beloff).

Un dato interesante es que en el propio documento legal que firmó doña Lola se indica que quien desempeñe el cargo de director general del Museo Dolores Olmedo (actualmente Carlos Phillips) podrá ser destituido por diversas causas, en especial si compromete en alguna forma el patrimonio u omite o impide el cumplimiento de los fines del fideicomiso creado para salvaguardarlo.

Otro aspecto relevante es el inmueble del siglo XVI que ocupa el Museo Dolores Olmedo de La Noria, cerrado en 2020. Supongamos que se consuma el traslado (¿atraco?) y la dispersión de la obra, a costa de la decisión de la coleccionista, ¿cuál será, entonces, el destino de este inmueble declarado monumento histórico, donde las tropas de Emiliano Zapata se alojaron mientras el Caudillo del Sur mantenía una reunión con Francisco Villa? ¿Cuál será la voluntad que prevalezca?

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