La caída
Diego Prieto encabezará una nueva área improvisada, sin partida en el Presupuesto de Egresos de la Federación, sin personal ni estructura.
No es lo mismo dirigir una institución con un presupuesto de 5 mil millones de pesos al año y con el conocimiento que aportan los más de 50 mil sitios arqueológicos del país, que encabezar una nueva área improvisada, sin partida específica en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), sin personal ni estructura que, en algún momento, alguien más considerará desechable o fusionable.
Esto lo descubrirá Diego Prieto en los próximos meses, ¿años quizás?, ahora que se aleja del reflector que le brindó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para irse a crear un brazo burocrático tan estratégico que en sus siglas lleva la penitencia: la Unidad de Culturas Vivas, Patrimonio Inmaterial e Interculturalidad (UCVPII).
De la salida de Prieto se podrán decir muchas cosas, pero el cierre de esta etapa va más allá de cualquier afecto o campaña imaginaria de desprestigio. Son nueve años que cerraron con un par de tropiezos internacionales que provocaron tanto rubor como el concierto de Coldplay en Massachusetts.
Por un lado, la autorización que el INAH dio al youtuber MrBeast para grabar en sitios arqueológicos sin contar con el guion del trabajo, como exige la norma, y que derivó en el uso del patrimonio con fines comerciales. Así como el cierre parcial de los museos del INAH, que coincidió con el anuncio de la entrega del Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2025 al Museo Nacional de Antropología (MNA), el 4 de junio pasado.
¿Alguien habría imaginado que uno de los museos más importante del país pasaría su mejor momento en el peor escenario? ¿Cómo es que un recinto internacional recibió la noticia de un galardón tan relevante sin lograr su apertura al público, mientras decenas de turistas expresaban su frustración?
Aquí no vale decir que todo fue culpa de un grupo de empleados impertinentes ni de una ocurrencia sindical. Fue, como lo explicó el director del Museo Nacional de Antropología, Antonio Saborit —a quien me hubiera gustado ver como director del INAH—, una decisión que debió tomarse para proteger el acervo, ante lo que calificó como un relevo nada afortunado entre dos instancias encargadas de la seguridad.
Ahora toca el turno al antropólogo Joel Omar Vázquez —cuestionado por elogiar excesivamente a Teresa Franco y a Diego Prieto en su discurso inicial—, quien tomó el cargo el pasado miércoles como quien sube a un tren en marcha, con un presupuesto acotado, fallas en el impulso a la investigación, personal insuficiente y precarizado, y escuelas sin condiciones para un trabajo académico digno, entre muchos otros pendientes.
A botepronto, le tocará resolver dos temas con apremio y claridad. El primero fue mencionado hace un par de días por la Presidenta: el destino del conjunto escultórico de Cristóbal Colón.
Omar Vázquez debe conocer la historia. Las esculturas de este conjunto están resguardadas en una bodega del Instituto Nacional de Antropología e Historia desde hace cinco años, su restauración concluyó en 2023, pero no se ha logrado restituir el monumento —al parecer en el Museo Nacional del Virreinato—, debido a que las autoridades no pudieron retirar ni rehabilitar su basamento, que lleva un proceso natural de deterioro. ¿Significa que nadie alertó que este tema sigue estancado?
Otra tarea nada sencilla que recibe Omar Vázquez es la revisión y redefinición del proyecto del Museo Nacional Olmeca, luego de que la sociedad civil e integrantes del Colegio de Arquitectos Tabasqueños A.C. coincidieran en que dicho recinto debería ubicarse en otro punto de Villahermosa, donde existan condiciones para un estacionamiento suficiente, conectividad adecuada y espacio disponible para el desarrollo de un proyecto de gran escala, pero sin comprometer al Museo La Venta, sitio ya consolidado. Que nadie prenda los focos rojos, pero esto apenas comienza.
