Fontana herida
La Fuente del Acueducto de Chapultepec, declarada Monumento Histórico, es una estructura de cantera derruida que está atravesada por una grieta.
Para quienes habitualmente hacemos escala cerca del paradero Chapultepec —ahora le llaman Centro de Transferencia Modal (Cetram)— es común ver una estructura de cantera tan derruida que pareciera pender de un hilo, una vieja fuente que ha perdido el rostro y la memoria, un armazón atravesado por una grieta histórica que podría colapsar en el próximo sismo. Usted lo sabe, se trata de la Fuente del Acueducto de Chapultepec o Antigua Fuente de Belén, declarada Monumento Histórico —aunque no lo parezca— desde el 9 de febrero de 1931.
Hace poco más de un año, en esta misma columna escribí sobre el tema y recordamos que, desde 2016, la investigadora María de Lourdes López Camacho hizo una amplia investigación sobre esta fontana, compilada en el libro Desenterrando fragmentos de historia. Siglos XVI al XIX. Su indagación es muy completa, ya que no sólo registra sus modificaciones, alteraciones y cambios de ubicación, sino que concluye con una idea que compartimos:
“Esta fuente histórica debe ser preservada para las futuras generaciones, por lo que, si no es viable mejorar sus condiciones actuales, sí debe buscarse reubicarla en un espacio digno del último vestigio que se conserva de las fuentes que formaron parte de los acueductos que calmaron la sed de los habitantes de la Ciudad de México”. ¡Eso lo escribió hace nueve años!
En dicha investigación, López Camacho también mencionó que mientras escribía su libro se realizaba un proyecto conjunto entre el Museo Nacional de Historia y la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos para restaurar dicho monumento. Sin embargo, en julio pasado, vía transparencia, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) me respondió lo siguiente: “No se cuenta con algún diagnóstico sobre las condiciones que actualmente guarda el inmueble histórico denominado Antigua Fuente de Belén, misma que pertenece al conjunto arquitectónico denominado Antiguo Acueducto de Chapultepec”.
Milagrosamente, el pasado 13 de agosto el Instituto Nacional de Antropología e Historia cambió de opinión y en el boletín 387, titulado “La Secretaría de Cultura y el INAH acompañarán la restauración de la Fuente de Belén, en Chapultepec”, la dependencia aceptó que “el inmueble histórico del siglo XVIII presenta daños estructurales que requieren atención especializada” y que sufrió afectaciones desde el sismo de 1985, es decir, ¡hace cuatro décadas!, con fracturas, hundimientos diferenciales y deterioro en su cantería.
También aseguró que hizo un levantamiento tridimensional del monumento, que participó en mesas de trabajo con representantes de Obras y Servicios de la Ciudad de México y con Monex Grupo Financiero, fiduciario de la construcción del Cetram Chapultepec, para concretar la restauración y reconoció que ya tiene una propuesta preliminar que contempla la reubicación de la fuente, recuperando con ello su orientación original.
Ahora sólo esperemos que al INAH —que dirige Joel Omar Vázquez Herrera— no le tome otros 10 años integrar el proyecto definitivo para rehabilitar el monumento. ¿O acaso deberemos esperar el sismo que derribe la fuente para que, entonces, los protectores del patrimonio acudan al sitio con su chalequito y reciten que no descansarán hasta recuperar el esplendor de la fontana?
Esperemos que pronto Omar Vázquez termine sus laaargas jornadas de diálogo en el interior del país, definidas como un ‘ejercicio de planeación participativa que recoge prioridades y arma la agenda pública’. ¿No debió Diego Prieto dejar eso hecho? ¡Qué caray! Mientras tanto, que alguien le acerque al titular del INAH la lista de pendientes que heredó. Mencionemos tres: El basamento del Conjunto Escultórico de Cristóbal Colón, que cada día se desmorona un poco más en Paseo de la Reforma; la olvidada recuperación del Caño Quebrado y las demandas ciudadanas para reubicar el Museo Nacional Olmeca. ¿Por dónde piensa empezar?
